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  Edición 605
  El cristianismo es bueno
 
Marcos Durán
   
  Gibrán Khalil Gibrán, escritor libanés nacido en 1883 en Becharre, Líbano, con formación católica-maronita, escribió uno de las obras más reconocidas de Jesús, su título: El Hijo del Hombre. En esta obra, el autor da vida a personajes que acompañaron al Nazareno en su vida y obra. La expresión “Hijo del Hombre” es utilizada en los evangelios para referirse a Jesús de Nazaret y el término es usado por el para referirse a sí mismo.

Cuestionado por muchos, pero venerado por millones, Jesús ha sido determinante en la historia universal. La vida diaria se rige por sus actos, transformados en costumbres y más tarde en normas. Aunque la mayoría de los historiadores y expertos bíblicos dan por hecho su existencia, una minoría duda aún de la historicidad de Jesús debido a la inexistencia de referencias de su vida en fuentes no cristianas. En la historia romana, no encontramos ningún relato de Jesús, en las entonces provincias romanas de Judea y Galilea. La misma Biblia y los evangelios son origen de confusión al analizarlos a detalle. Al nombre de Jesús, muy popular en la Judea de hace dos mil años, se le añadió después el Cristo, palabra derivada del griego jristós, que significa el Mesías o Salvador, el resultado: Jesús el Salvador.

De su lugar de su nacimiento, surge la primera polémica. Como el Mesías, de acuerdo a las antiguas escrituras debía nacer en Belén, fijan ahí su nacimiento. Solo Mateo y Lucas mencionan el sitio. Lo mismo sucede con la fecha en que nace. En el año 525, el papa Hormisdas establece como año primero de la era cristiana el del nacimiento de Jesús, tomando como referencia el reinado de Herodes I El Grande, y establece que Jesús nació el año 753 de la fundación de Roma. Éste es el origen de la era cristiana actual; pero de acuerdo a investigadores, existe un error de seis años en la fecha.

Por otra parte, en el año 336, por orden del papa Julio I, se declaró oficialmente el 25 de diciembre la fecha en que nace Jesús, cristianizando la fiesta pagana del solsticio de invierno, establecida en el siglo 3 por Aureliano como conmemoración del dios Sol Invictus. Antes se celebraba el 6 de enero, la Iglesia Ortodoxa lo sigue celebrando en esa fecha. Sólo dos de los cuatro evangelios reconocidos, Mateo y Lucas, aportan información sobre su infancia. Marcos, el más antiguo, no indica nada, sólo refiere el nombre de la madre y la existencia de varios hermanos. En Mateo, María y José viven en Belén; en Lucas, en Nazaret. Con Mateo, el ángel se aparece a José tres veces; con Lucas se aparece una a María. Podríamos conformarnos con que el ángel se aparecía de todas formas.

La historia de los tres reyes magos, el sacrificio de inocentes y la huida a Egipto con José y María sólo se señalan en Mateo. La adoración de los pastores, la presentación en el Templo y el encuentro de Jesús con los eruditos del Templo sólo en Lucas.

Acerca de la fecha de su muerte, tampoco hay exactitud; el evangelio de Juan dice que Jesús murió un viernes, primer día de la Pascua judía. Con la información que existe, la muerte de Jesús ocurrió en el año 27 o el 34. La tradición considera que, a su muerte tenía 33 años, pero es posible que fuera mayor, puesto que pudo haber nacido en el 4 a.c. fecha del fallecimiento de Herodes el Grande. De todo esto surgió algo que se convirtió en la religión más extendida, pero con una tendencia a la baja. Hoy tiene dos mil millones de fieles, cifra que incluye a católicos, protestantes, bautistas, anglicanos, mormones y ortodoxos. Jesús es fuente de inspiración para millones que buscan creer en algo. A muchos no les interesan las polémicas sobre su vida y la duda del máximo de sus milagros: resucitar al tercer día. Muchos no se preocupan por saber algo de él; porque la fe es la fuerza de la vida y si el hombre vive es porque cree en algo.

Y aunque es difícil encontrar una fe que pueda sobrevivir la colisión con la verdad, en un mundo lleno de violencia, pobreza, mentiras, desigualdad, perdición y del mandato del dinero, su figura sirve a muchos como relata Gibrán Khalil Gibrán en El Hijo del Hombre para evitar ser solo “vivos caminando hacia nuestra propia sepultura”. Al final, estoy seguro de que el cristianismo podría ser bueno… si intentáramos practicarlo.

 
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