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  Edición 604
  Educación con principios democráticos
 
Esther Quintana Salinas
   
  La marginación de millones de mexicanos, la inseguridad pública, el desaseo gubernamental que ha llegado a niveles escandalosos en México, entre otras amargas realidades, han generado una serie de heridas que se tienen que atender para que no continúe expandiéndose este cáncer que ataca sin control alguno a la democracia y daña valores como la fraternidad y la tolerancia.

Vivimos desde hace ya buen tiempo, inmersos en una crisis que ha debilitado la credibilidad, y por ende la confianza en las instituciones de gobierno, así como en la capacidad del Estado para dar solución a los problemas inherentes a una sociedad tan variopinta y tan vasta como la nuestra. Esta situación ha provocado una explosión aguda de discursos populistas que han venido potenciando el individualismo en detrimento de la noción de comunidad que nunca debimos haber perdido de vista. Aparejado viene el radicalismo sustentado en conceptos falsos que debilitan la democracia y la convivencia. La convivencia sucumbe cuando desaparece el respeto que nos debemos por ser miembros de la misma comunidad. De ahí la urgencia de que nos ocupemos de romper estos esquemas que distorsionan el pensamiento, sobre todo el de los niños y los jóvenes que está apenas en formación y son blanco fácil para la manipulación y el engaño, y es a ellos precisamente a donde debe de redireccionarse una educación rica en formación de valores y civismo, que los lleve a entender con objetividad lo que sucede a su derredor, pasando por el tamiz enriquecedor de la reflexión y el análisis crítico con fundamento.

Soy una convencida de que la educación es el instrumento idóneo para llegar a esto, por ello se tiene que enfatizar en una formación en valores democráticos que es fundamental para el desarrollo de la personalidad de un ser humano. Pero la teoría tiene que ir amarrada con la práctica, es decir, no basta hablar de ella, se tiene que llevar al ejercicio de la misma, y que mejor que en las aulas escolares porque son espacios y modelos de aprendizaje permanente. En ese sitio idóneo se puede trabajar en la maravilla de hacer a las personas participativas, producto de la convivencia cotidiana, en la que descubran la relevancia de los vínculos que se crean cuando la solidaridad y la subsidiariedad se hermanan porque se eclipsa la dependencia que aísla y separa, y entonces se aprende a sacar nuestra individualidad para sumarla a favor de la colectividad de la que somos parte, dicho de manera clara y llana, aprendemos a tocar la misma pieza musical, pero con nuestro propio instrumento, en armonía y con maestría.

Asimismo, es importante que los jóvenes sepan más, pero mucho más de la historia de nuestro país, es más fácil comprender lo que ocurre hoy día cuando se conoce el pasado. Se tiene que enfatizar en lo ocurrido los últimos 40 años, es elemental. Se tiene que trabajar muy fuerte en los contenidos, tiene que contarse lo que sucedió sin odios y sin llantos, como dice la canción. Esos hechos son lo más cercano a la generación de hoy. También se tiene que introducir en todos los centros educativos del país, públicos y privados, la formación en afectividad e igualdad. Se debe de trabajar muy fuerte en la detección de actitudes misóginas, es fundamental combatir la violencia con inteligencia y con mucho sentido de humanidad. México tiene un vergonzoso primer lugar en hostigamiento —bulling— escolar en educación básica, según un estudio presentado por la OCDE. Con la socialización adecuada se facilitan la interacción y la comprensión, se desarrolla un lenguaje común libre de comportamientos agresivos que sin duda contribuirán al fortalecimiento del respeto y el comedimiento en el trato cotidiano. Antídoto importante contra la violencia.

Cabe también destacar que la educación no es una varita mágica con la que se solucionen los problemas que agobian a la sociedad actual, toda vez que los maestros no pueden atajar todas las influencia externas que traen a cuestas los niños y los jóvenes, es importante, y eso lo sé, porque en la generación a la que yo pertenezco era común la vinculación entre profesores y padres de familia, unidos en un frente común para resolver la situación particular que nos aquejara y estuviera afectando nuestro desempeño académico o nuestra conducta.

Cuando la educación que se imparte está bien sustentada, bien estructurada y planificada, funciona. Me explico, cuando hay inclusión educativa, formación con valores democráticos y principios de ciudadanía, conciencia de igualdad, los resultados son bien diferentes. Todo esto conlleva a que vamos a tener adultos bien informados en el conocimiento de sus derechos y sus deberes, y también de las funciones y facultades de sus gobernantes, y si no lo conocen todo, sin duda que van a saber dónde consultar al respecto, pero lo más importante, van a saber con claridad meridiana que su comunidad será mejor en la medida en que ellos participen en los asuntos que les competen como parte sustantiva de esa agrupación natural, gregaria, intrínseca a su naturaleza humana, permítaseme la redundancia. Esta es la esencia de la democracia representativa, sabrán que los gobernantes son sus servidores y como tales van a exigirles. Hoy eso no existe.

La educación es el instrumento idóneo para generar el pleno desarrollo de las personas, ese en el que invierten a lo grande los países del primer mundo, y que aquí en México se ha escatimado a niveles vergonzosos. En ese escatimar, no quiero decir que no destinen recursos a la educación —para el 2019 se prevé un monto de 300 mil 140. 2 millones de pesos, en este año el monto es de 291 mil 813.8—, el problema es como los distribuyen. El 80% a nómina y el resto a capacitación para maestros e infraestructura escolar. Mire usted cómo andamos. Y ya se lo he compartido en otras colaboraciones… ¿Tanto a nómina? ¿Por qué no se refleja en sus salarios y prestaciones? Los maestros mexicanos son de los peor pagados en el mundo. Apesta a corrupción e impunidad.

Este país tiene que cambiar, y la educación tiene un papel determinante para que esto ocurra. Necesitamos que los tres poderes de la Unión realicen sus funciones con inteligencia y con apego irrestricto al orden jurídico. Como mexicana, como ciudadana, estoy harta del presidencialismo, asqueada del vasallaje que el poder Legislativo le rinde al Ejecutivo, sueño con que los legisladores cumplan con dignidad la representación que le confiaron en las urnas millones de mexicanos y que los jueces actúen como garantes de la observancia de la ley. Esta es la transformación que México necesita con urgencia.

Ya basta de la aplicación discrecional de la ley, ha sido nuestra perdición. O se demuestra que en México se vive en un Estado de Derecho, con todas las implicaciones que esto conlleva, o nos atenemos a las consecuencias. Sé que ninguno de los tres poderes es santo de la devoción de los mexicanos, porque a cual más nos han dado pruebas sobradas de desvergüenza, de frivolidad e incapacidad, y no obstante, es lo que hay, y en mucho su actuación huérfana de compromiso deviene de la indiferencia, de la apatía ciudadana generada en la deficiente educación recibida en las aulas escolares, sumada a la ausencia de principios y valores que los padres tienen la obligación de enseñar y sobre todo, de dar ejemplo en casa.

Imagine usted lo que sucedería si cada uno de nosotros se sincerara consigo mismo y reconociera con humildad lo que nuestro actuar o nuestro silencio ha traído a esta realidad que hoy vivimos y de la que nos quejamos porque no es nada halagüeña, y decidiéramos en un acto de generosidad humana transformar nuestro cosmos interior, es decir nuestras ideas, nuestra manera de sentir y de pensar que sabemos que no aportan a que la sociedad de la que somos parte sea mejor… ¿Se imagina? La oportunidad la tenemos todos al alcance de nuestra voluntad, la oportunidad de transformar a nuestro país en nuestra, pero tenemos que empezar por la metamorfosis personal, en una especie de cruzada bragada e inteligente para enfrentar nuestros propios demonios…y vencerlos. Esta transformación se traducirá en modelos distintos de comportamiento que iríamos transmitiendo a nuestros hijos y de ahí a nuestros nietos y futuros descendientes. Así ha ido evolucionando la humanidad.

Dice el sacerdote colombiano Alberto José Linero Gómez que «… El cambio es un hecho personal, que se da en el espacio inviolable de la conciencia, en ese espacio al que solo tengo entrada directa yo y nadie más». Y coincido plenamente con él, la conciencia es nuestra, en ella nosotros decidimos que permea y que no. México necesita transformarse pero tiene que ser a través de un acto de reflexión responsable. Lo que sí tengo clarísimo es que la auto transformación es insoslayable y que todos los mexicanos tenemos el deber de hacernos cargo.

Estimado leyente, aprovecho este dignísimo Espacio4 en el que tengo la fortuna de colaborar, para desearle un venturoso 2019 a usted y a sus seres queridos. Vendrán tiempos mejores para este país, que no le quepa la menor duda, pongamos lo mejor de nosotros mismos para que así suceda.

¡Feliz año nuevo!

 
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