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  Edición 604
  Cortés, propósito de año nuevo
 
Juan Antonio García Villa
   
  En el capítulo 8 de la segunda parte de la inmortal novela de Miguel de Cervantes, capítulo donde «se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea del Toboso», el caballero de la Triste Figura y su escudero Sancho Panza sostienen en el camino una deliciosa conversación. Platican entre otros tópicos acerca de que han sido capaces algunos a lo largo de la historia para ver satisfecho su deseo de alcanzar fama y que su nombre quede vivo en los siglos venideros. Don Quijote menciona al efecto varios casos de la antigüedad. «Y, con ejemplos más modernos —dice el caballero andante—, ¿quién barrenó los navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo?».

Es claro que el autor se refiere a Hernán Cortés, fallecido en 1547 (año por cierto del nacimiento del propio Cervantes), y al episodio de la quema de naves en las costas del Golfo de México, que ordenó para evitar las deserciones de los «valerosos españoles». El acontecimiento, por lo que se puede apreciar, era ya ampliamente conocido en 1615, año de la publicación de la segunda parte del Quijote.

Lo anterior viene a cuento con motivo de que en días pasados, al aprovechar las jornadas del asueto decembrino para poner en orden los libros que se suelen acumular sin concierto por aquí y por allá (en la biblioteca, en el despacho, en los pequeños libreros de la recámara y del cuarto de tele), apareció una media docena de títulos olvidados, de esos que se van adquiriendo de manera un tanto inconsciente a lo largo de los años. Se trata de otras tantas biografías de Hernán Cortés, así como de las llamadas Cartas de Relación «escritas en un castellano terso» por el propio conquistador, libros todos estos sin leer por quien esto escribe. De hecho varios contenían aún la envoltura plástica que ahora suelen ponerles las casas editoriales.

Una de las biografías, sólo titulada Hernán Cortés, corresponde a la escrita por José Luis Martínez. En la introducción el autor escribe que «como casi todos los mortales, Hernán Cortés fue un tejido contradictorio de bienes y de males, de actos justos e injustos, de grandezas y de miserias, de valentía y de crueldad, de nobleza y de crímenes. Fue, además —remata—, una personalidad sorprendente». Y agrega: «por todo ello, Cortés nos interesa siempre de manera extremosa, para exaltarlo o para detestarlo».

En la colección Sepan Cuantos… de Porrúa, aparecieron como números 7 y 165 las Cartas de Relación y la biografía simplemente titulada Hernán Cortés, escritos por el propio conquistador y por el paisano coahuilense Carlos Pereyra, respectivamente. De esta última, publicada inicialmente en Madrid en 1931, dice la editorial mexicana en la cubierta que se trata de «uno de los esfuerzos historiográficos más significativos de la brillante carrera de Carlos Pereyra, quien al realizar esta biografía nos esboza a un Cortés ante todo humano, con todo lo que esto implica».

De la obra Hernán Cortés, inventor de México, publicada inicialmente en 2001 y escrita por el historiador y diplomático mexicano Juan Miralles, aparecieron dos ejemplares, ambos impresos en España por dos distintas casas editoras. Se trata de textos de casi 700 páginas. En una de las ediciones se dice del autor que «ha dedicado casi treinta años de investigación a reconstruir, a partir de una información copiosísima, la vida del polémico conquistador».

Apareció también un par de biografías escritas por autores franceses, aunque de distintas épocas. Una es de Jean Babelon, nacido en 1889 y autor también de una aceptable biografía de Miguel de Cervantes. Se titula simplemente Hernán Cortés, la publicó Aguilar hace dos décadas y en la contraportada se dice que el libro «está destinado a quienes gustan de leer las biografías de personajes llenos de vida y no meros fantasmas convenientemente embalsamados». La otra, llamada sencillamente Cortés, de 500 páginas, es del académico Christian Duverger, nacido en Burdeos en 1948, cuyo texto parece interesante y trae una Introducción de José Luis Martínez.

Asimismo se encontró un librito tipo bolsillo, de apenas 140 páginas, publicado en 2002 con el título también de sólo Hernán Cortés, escrito por el abogado y notario público capitalino Francisco de Icaza Dufour.

Material, tal vez acumulado de manera inconsciente y hasta ahora sin leer, hay de sobra para profundizar en la biografía del cortesísimo Cortés, como lo llamó Cervantes. Por cierto, por el solo hecho de haberlo mencionado en El Quijote, al margen de sus hazañas y ruindades, pasó a la inmortalidad. Que quede como propósito de año nuevo la tarea de leer durante 2019 la bibliografía a la que se ha hecho referencia pues, como afirma José Luis Martínez, «sigue siendo importante conocer a Cortés» por haber sido «uno de los actores principales del drama de nuestros orígenes».

 
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