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  Edición 604
  Promesas de diciembre, frustraciones de enero
 
Edgar London
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  Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra y, agrego yo, si esa piedra aparece al final del año, pues con más razón. Es que, aun cuando estamos conscientes de la fragilidad que identifica a cada promesa o propósito decembrino, nos es imposible sustraernos de repetir un ejercicio que, la mayoría de las veces, peca de fútil. La causa de esta tendencia, tan humana como añeja, la podemos encontrar en el encantamiento que estas fechas causan sobre las personas, donde los sueños renacen en forma de retos o proyectos, de mano con la sensibilidad que nos inclina a adoptar los llamados “números redondos” como punto de partida o llegada para nuestros planes.

¿Qué día puede ser mejor que un 1 de enero para emprender ese desafío que hemos ido postergando una y otra vez? A priori respondemos que ninguno. Si acaso alguien puede considerar la opción de canjearlo por el día de su cumpleaños, pero no… existe uno todavía mejor: hoy. No importa si ese “hoy” es el 29 de diciembre o el 4 de febrero —sí, puede ser mucho después del primer día del año—, tampoco implica problema alguno si hoy no le recuerda nada trascendental en su vida, a fin de cuentas no es el día el que destaca la acción sino todo lo contrario, por la acción es que recordamos el día, créame, estimado lector, no concibo mejor oportunidad para comenzar a luchar por tu nuevo sueño que el mismo día en que lo soñaste.

Este 2019, para colmo, millones de mexicanos han depositado sus sueños en el correcto desempeño de su recién investido presidente, Andrés Manuel López Obrador. Una apuesta que, en lo personal, se me antoja arriesgada cuando no suicida. Ya de por sí, encadenar nuestro destino a la habilidad de terceros tiene mucho de juego de azar y, si ese tercero es un político, el juego puede convertirse en pesadilla. El tiempo… y sus actos, lo decidirán.

De cualquier manera, si este inicio de año usted se propuso alcanzar una meta, da igual si es una de las clásicas —hacer ejercicios, dejar de fumar, comenzar la dieta— que ya ha encabezado su lista de retos en otras ocasiones y las ha abandonado, haga oídos sordos de los comentarios negativos que lo rodearán. Casi siempre quienes te auguran fracasos, son los fracasados. Y, como advierto al inicio de este texto, es verdad que la mayoría de las veces peca de fútil intentar cumplir promesas decembrinas, pero “mayoría” no es “totalidad”. Esta vez puede ser que la voluntad lo acompañe y se salga, por fin, con la suya. Pero es más, compartamos un secreto. Si de nuevo fracasa en este intento, no se lo recrimine demasiado, al menos lo habrá intentado. Más vale comenzar el año sin grandes expectativas y feliz que frustrado por exigir demasiado.

 
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