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  Edición 603
  ¿Qué es el poder?
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Se sabe que quien asume el poder, también asume sus incomodidades y que quien lo hace debe de estar dotado de una fina perspicacia que le permita distinguir entre el que crítica sin razón y el que lo hace con tino.

José Francisco Ruiz Massieu

Antes de responder la cuestión, resulta prescindible hablar del Estado, organización política que detenta el poder legítimo de ejercer la fuerza para obtener la obediencia de sus mandatos y fundamentalmente con el máximo principio de respetar y hacer respetar el derecho y la facultad de cada individuo de hacer o no hacer sin invadir la esfera de autonomía y derecho de cada individuo.

Por otra parte y en ese mismo orden de ideas, el poder político es un dominio que se asienta en la violencia. Su lugar o preeminencia se da en una relación de fuerzas. De ahí su función coercitiva puesta de manifiesto en diferentes doctrinas. Pero el poder no solo se establece por esta vía; aspira a su reconocimiento por los dominados y, justamente por ello, el dominio se busca también por diversos medios en las sociedades actuales por la vía del consenso, en sociedades que se conocen como supuestamente democráticas.

Michel Foucault admite de hecho la existencia de una amplia red de poderes que se localizan de distinta forma y lugar: el trabajo, la escuela, la iglesia, la familia, los hospitales, las cárceles, etcétera, que sirven para que el poder estatal no pierda su lugar central sino que por el contrario sirvan para elevarlo y por medio de esta red lo socializan hasta llegarlo a penetrar por todos los poros del cuerpo social y de esta manera prevalece por sobre todos los poderes.

El poder actual, por la vía del consenso, no es sino la extensión de la legitimización de lo económico, social y de fuerza coercitiva del poder estatal. El que se trate de un poder legitimado por ley en las democracias o de un poder despótico o dictatorial, no establece una distinción cualitativa en su naturaleza. Sea cualquiera de los dos casos, el poder se asienta definitivamente en la fuerza y en las instituciones destinadas a ejercerlo.

En esta relación entre dominadores y dominados lo decisivo es la fuerza, independientemente de que ésta permanezca como estado potencial o de amenaza o bien, en acto de consumación. La historia nos ha dado muestra de ello, el poder es una relación de fuerzas en conflicto, la lucha del siervo y señor —decía Hegel— o lucha de clases, como dijeron Marx y Engels en el Manifiesto comunista.

Para que fecunde el poder se tienen que cumplir condiciones desiguales de dominación. El Estado encargado de preservar el bien común temporal no cumple con sus fines, por el contrario, en algunas regiones más, en otros lugares menos, acrecienta una desigualdad necesaria para que el poder (elemento para que funcione la desigualdad) nazca, crezca y se reproduzca… (continuará).

 
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