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  Edición 603
  De Cuba a Brasil, de Brasil… ¿a México?
 
Edgar London
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Email: correo@edgarlondon.com
   
  Esclavos de bata blanca, así les dicen. Aunque ahora, parafraseando a Martí, muchos se encuentren «sin patria, pero sin amo». No por conocido el fenómeno, la situación deja de ser menos caótica. Tras el encontronazo entre el gobierno en ciernes de Brasil y su contraparte cubana, por las condiciones en que trabajan los galenos que forman parte del programa Mais Medicos, miles de éstos han visto truncadas sus vidas de manera fulminante. A quienes el choque los sorprendió de visita en la mayor de las Antillas, ya no se les permitió regresar al gigante sudamericano. Es decir, todas sus pertenencias —dinero incluido— se perdieron para siempre. Por el contrario, a los que todavía se hallan en Brasil, se les ordenó que regresen de inmediato y tal imposición los obliga a titubear porque, después de pasar años viviendo en un país extranjero, regresar al propio no se debe tomar a la ligera.

Muchos han optado por quedarse en Brasil, a pesar de las amenazas de altos funcionarios y la separación de la familia que, en el caso de los cubanos, es un sino cantado de antemano. De hecho, la presunta conversación telefónica entre el coordinador estatal de la Brigada en el estado de Mato Grosso, Leoncio Fuentes Correa, y la doctora Dayaimy González Valón, ha enardecido a la comunidad internacional que ve vulnerados los derechos humanos de la profesionista. La charla circula por internet y en ella se escucha cuando Fuentes Correa alega: «piénselo bien… Si usted se queda aquí (en Brasil) sabe que no va a entrar por ocho años a Cuba, y usted tiene su familia en Cuba. Y si desgraciadamente le sucediera algo a alguno de su familia usted no va a poder entrar en Cuba».

Real o ficticia, la charla vuelve a poner en primer plano los atávicos y vergonzosos problemas de migración que han enfrentado los cubanos desde el triunfo de la revolución, el 1 de enero de 1959, y que, aun cuando se han llevado a cabo algunas modificaciones en aras de mitigarlos, como fue la abolición de la humillante «tarjeta blanca» —permiso que otorgaba el gobierno para que los nacionales pudieran salir del país— todavía persisten regulaciones y candados que le imprimen un aire de odisea a cualquier viaje internacional que se intente ejercer desde el archipiélago.

Por otro lado, y en contraposición, la reunificación familiar es uno de los puntos que el presidente brasileño electo, Jair Bolsonaro, ha citado como condicionante para la permanencia de los galenos cubanos en su país, a partir del 1 de enero de 2019, cuando tome posesión de su cargo. Cuba no permite que los participantes del programa Mais Medicos viajen con sus familiares (así sean cónyuges e hijos), algo que Bolsonaro considera inaceptable. También se niega a que el gobierno de La Habana se embolse tres cuartas partes del salario de los galenos. Para Bolsonaro el dinero con que se paga a los médicos debe ser totalmente para ellos. Y, asimismo, requiere que los profesionistas aprueben un examen de aptitud porque, sobre todo en los últimos años, supuestamente se enviaban médicos inexpertos con tal de engrosar las arcas del estado cubano.

En La Habana, por supuesto, dijeron que no a las demandas y, tal cual ya es costumbre, se llevó a cabo todo un movimiento propagandístico para destacar los valores de los profesionistas cubanos —que no pongo en duda— de mano con la mala leche de Bolsonaro que se ha propuesto dejar sin atención médica a miles de brasileños —que sí pongo en duda—.

En medio de este estira y encoge, llega Andrés Manuel López Obrador a la presidencia y salta a la palestra pública la posibilidad de que México dé cabida a buena parte de esos miles de médicos cubanos que ya no podrán regresar a Brasil o, peor, que desde Brasil ven en riesgo la vuelta a suelo patrio.

Varios medios de comunicación manejan la cifra de tres mil galenos, los cuales, al igual que en Brasil, se ocuparían de fortalecer el sector salud en las zonas rurales y marginales de México. En pocas palabras, allí donde pocos doctores mexicanos optan por instalar su clínica privada luego de graduarse en alguna prestigiosa universidad. De negociar el posible intercambio se encargaría Lázaro Cárdenas Batel, coordinador de asesores de la presidencia, y para más inri, casado con una cubana. Si bien el acuerdo tiene más tintes políticos que sociales, sería un aliviadero para Cuba que retendría parte, al menos, de una fuente de ingresos ya probada, mientras Obrador fortalece lazos con los gobiernos de izquierda en la región.

Si bien, esta gestión no ha sido confirmada aún y para nada debe considerarse como nota oficial, recordemos que un rumor siempre será más efectivo que cualquier noticia.

Tiempo al tiempo.

 
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