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  Edición 602
  ¿Cómo es el México en el que usted vive?
 
Esther Quintana Salinas
   
  La ignorancia nunca ha sido buena consejera, mucho menos cuando se acompaña con la arrogancia de quienes llegados al poder creen que el mundo es suyo y para siempre. Un gobernante estadista privilegia el diálogo civilizado entre individuos de los distintos grupos de una sociedad que, naturalmente es diversa porque está compuesta por personas que son, sienten y piensan diferente. Cuando no se entiende este principio básico ni por parte de quien gobierna ni de los gobernados, no se puede esperar mañana promisorio.

México no está viviendo sus mejores días. La inseguridad en las calles, en las carreteras, es alarmante; los asaltos, robos, violaciones, etc., van a la alza, porque los delincuentes tienen de su lado el que en el hipotético caso de que los agarren no van a pisar la cárcel y si acaso llegan ahí, seguro los sueltan, a menos que vayan bañados en sangre hasta las orejas, y aun así, está por verse si los procesan. A grado tal está el desbarajuste que hoy se multiplican los linchamientos contra estos delincuentes por parte de la propia comunidad, lo vemos en proyección nacional en los medios de comunicación… y la policía muchas veces lo ve y no interviene.

Los políticos corruptos son votados una y otra vez por un pueblo que parece vivir en otro planeta, el discurso populista sigue fascinándolo. Los lideretes sindicales hoy tienen asiento en el Senado de la República, como Napoleón Gómez Urrutia, que fue traído desde el lejano Vancouver, donde vivía como príncipe con los millones “bien habidos” de su “impecable” trabajo como dirigente sindical de personas de un sector, el minero —el de los trabajadores del socavón, los que se la parten ahí, los que por lo general terminan enfermos de las vías respiratorias hasta con cáncer— a quienes esquilmó, pero cuyos pecados le fueron perdonados por López Obrador, y preside, fíjese que ironía… la Comisión de Trabajo y Previsión Social… Si esto es normal que suceda, pues francamente… que jodidez —perdón por la palabrota— tan grande nos aqueja.

Y que personas como la lideresa vitalicia del SNTE, Elba Esther Gordillo, hoy se presente como víctima y tenga la desfachatez de expresar que es hora de cambiar la forma de elegir a los líderes sindicales, que tiene que ser de manera directa y secreta… Lo que tiene uno que oír.

Yo, como diputada de la LXII Legislatura en el Congreso de la Unión, subí a posicionar esa propuesta en la reforma laboral que presentamos al arranque de nuestro primer periodo de sesiones, y su PANAL, igual que el PRI y el Verde, votaron en contra… Traemos los valores trastocados, los sinvergüenzas son recibidos como héroes, con todos los reflectores encima y el elogio y el aplauso por delante. Se premia la miseria moral, lo mediocre, la mentira, la traición… La honestidad, el honor, el respeto a la dignidad de las personas, el cumplimiento de los deberes… son motivo de burla, de rechazo, de olvido… Esta realidad no parece inquietar al grueso de los mexicanos. Dice mi amiga Laurita que México tiene muchas realidades y que los mexicanos podemos elegir de entre ellas según el estado de ánimo que nos traigamos o simpatía partidista… sin ningún problema.

Mire usted, está la realidad del que se hace que la virgen le habla, finge que no ve, que no oye y hasta que no siente. Esta es una realidad con muy buena acogida por millones de mexicanos. Se ignora lo que sucede, se evita tocar el tema y cuando hay que tomar decisiones simplemente sigue la corriente, se mueve con el rebaño. Este tipo de mexicanos es adorado por los políticos sinvergüenzas. Son su clientela favorita. Cualquier idea, pensamiento, que rompa con lo prescrito por los mandamases se da por no existente, se eclipsa en automático. A ser así, se aprende en casa, con padres adiestrados en lo mismo, y se corola en la escuela, con maestros aleccionados igual. De modo que pensar, está prohibido; opinar, vetado. El derecho a la libertad de pensamiento y expresión es solo un mito. Y como abona el que no se haga nada por desarrollar el hábito de la lectura. ¿Se imagina lo que sucedería con una sociedad pensante, deliberativa”? prohibido.

Los medios también coadyuvan sobremanera a ocultar la realidad o a distorsionarla…Los informativos, sobre todo muchos locales, dicen solo lo que se les indica$$$$... uyyy… y las telenovelas, domadoras de conciencias… y los partidos de futbol… estos últimos son los únicos que pueden levantar pasiones y llevar a días de euforia o de duelo nacional al país. También se valen de los concursos para “descubrir talentos artísticos”, o encerrones en una casa con cámara las 24 horas del día en la que “exploran el alma” de un grupo heterogéneo de chicas y chicos guapos… Así entretienen, así alelan a multitudes.

Hay una segunda realidad que campea en el “sentir” de los mexicanos, pero esta es bien peligrosa, porque quien la padece muere por ella y con ella. En ella se interpreta el mundo que les rodea desde una percepción que no admite contradicción alguna, las cosas “son porque son así, y en su querer nadie manda”. Esta es la realidad de los radicales, de los fundamentalistas, de los fanáticos. Este tipo de personas hacen suya una causa y la convierten en su estandarte, se la meten en la sangre, en la cabeza, en cada tejido de su anatomía, la convierten en la razón, motivo y fin de su vida. Y cuando su particular realidad enfrenta la que sí acontece, y que les espeta en la cara su equivocación, la niegan enfáticamente, y responden que solo es un “caso aislado”. Esta gente “vive” en mundos paralelos. Todo aquel que no esté con su parecer está equivocado. Si los hechos son contrarios a su causa, son los hechos los que están mal, y los justifica tope en lo que tope y valiéndose de lo que sea. Quien vive en mundo paralelo piensa con el hígado, no con la cabeza, por ende, no razona. De modo que todo aquel que no cuadre en su esquema mental, es malo. Con esta gente se está o no se está, y si no se está, eres enemigo. En esta realidad se ve lo que se quiere ver y no más, su expertis en ver la paja en el ojo ajeno es enfermiza, niegan la viga que les cubre el suyo. “Los buenos somos nosotros, todos los demás son malos.” Son seres sectarios.

Y finalmente está la realidad de aquellos que no le permiten a su hígado que se meta en cosas que no le incumben, que pasan los acontecimientos por el tamiz de la reflexión, que no parten de ideas preconcebidas para tomar decisiones, y esta capacidad es precisamente la que les permite ser objetivos en su análisis porque no están cerrados a cambiar de opinión, a ponderar los hechos con objetividad, y es que la realidad es mutable, por eso los juicios no deben ser definitivos. Y es que la realidad debe aprender a verse sin apasionamientos, nomás como es. La realidad es que hoy tenemos un país severamente fragmentado, pero no se trata de una fragmentación gestada ahora, su origen se remonta a décadas de gobiernos corruptos, a años de no haberse ocupado de generar condiciones para que sus habitantes vivieran como personas, hoy las diferencias son verdadera afrenta humanitaria, las desigualdades están cercenando los vínculos que convierten a la población a secas, en nación. El sistema político implantado por un partido hegemónico ya hizo crisis, ya quedó obsoleto, ya no le sirve al México del siglo XXI y no obstante hay una resistencia enfermiza a romper con él y empezar a construir un esquema diferente, acorde a las necesidades de hoy día.

Políticamente es necesario, imprescindible, insoslayable, romper con el presidencialismo, esa subordinación de los poderes Legislativo y Judicial al Ejecutivo pudrió el sano ejercicio del poder público, mandó al demonio la división de poderes tan necesaria para fortalecer las instituciones democráticas, el federalismo, la representación, la forma de gobierno republicana. No tenemos un sistema de pesos y contrapesos, por eso la corrupción y la impunidad han encontrado condiciones propicias para enraizar no solo en el ámbito público, si no en el privado. Y me agobia como mexicana que quien a partir del 1 de diciembre ocupará la primera magistratura de nuestro país, simplemente viene a replicar lo que está más que demostrado que está obsoleto. Veo centralismo a raudales, populismo recalcitrante, posiciones cerradas.

La democracia sólo puede germinar en un espacio en el que el Estado de derecho prescriba que los derechos y deberes, así como las libertades básicas, sean iguales para todos, pero en serio, no nada más en el discurso, y que se empeñe en que la distribución de la riqueza y de los empleos se geste a través de mecanismos eficaces que verdaderamente combatan las inequidades naturales y sociales hasta acotarlas. La democracia necesita de reglas claras y precisión de los diversos niveles de consenso y espacios para establecer vínculos eficaces entre mayoría y minorías.

El desarrollo integral de nuestro país debe partir del entendido de que aquí cabemos todos que la pobreza debe ser erradicada, la seguridad y la salud de los mexicanos deben ser prioridades para los gobernantes, que la clase media debe fortalecerse no diezmarse y la igualdad de oportunidades debe ser real. Asimismo, el desarrollo integral se construye sobre la base de una sociedad libre, con auténtica representatividad democrática, con mexicanos participativos y conscientes de sus derechos, pero también del cumplimiento de sus obligaciones, y con políticas públicas que inspiren confianza reforzando con ello su legitimidad. De verdad que México no está para un gobierno que venga a despertar inquinas, ni sembrar discordias, ni encabritar sectores de la sociedad que no comulguen con su ideología. Tenemos que aprender a vivir con la diversidad de pensamiento, pero sin agredirnos, al final del día, todos somos mexicanos. Somos parte de un planeta globalizado, inmerso en procesos de vertiginosa transformación digital y automatización del trabajo, en el que las claves de nuestra inserción en este nuevo entramado económico todavía se está perfilando, por ello es fundamental actuar con perspectiva de futuro y teniendo bien claro que los desafíos son enormes.

 
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