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  Edición 602
  La imprudencia de Juan Manuel
 
Marcos Durán
   
  Es muy probable que a Juan Manuel nadie le avisara o quizás olvidó que la Organización de las Naciones Unidas, decretó el 25 de noviembre como el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”. Y es que justo ese día, Juan Manuel discutió con su esposa, la golpeó y amarró de pies y manos, la subió a su vehículo y la arrojó en un terreno baldío. Era la madrugada de domingo y Jessica, con 29 años de edad, vio pasar las horas y con toda seguridad pensó que eran sus momentos últimos. Pero tuvo suerte. Juan Manuel no la remató y más tarde, unas personas pasaron por ahí y escucharon sus quejidos y llamaron a los servicios de emergencia.

También existe la posibilidad de que Juan Manuel quisiera manchar los eventos de celebración del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, fecha en que se dan cientos de discursos, se colocan moños naranjas y se postean mensajes en redes sociales de políticos y activistas y uno que otro que finge que le importa el tema. Quizás Juan Manuel no sepa que en Coahuila tenemos un pomposamente llamado “Centro de Justicia y Empoderamiento de la Mujer”, o al final Juan Manuel sabía de todo esto y no le importó, y por poco mata a su mujer.

Vaya imprudencia la del tal Juan Manuel, pues empañó esta celebración ejerciendo violencia emocional y económica, denigrando y ofendiendo a su esposa y soslayándola e imponiendo su poder como aportador económico mayoritario.

Y sí, esto ocurrió un domingo en Saltillo y no se trata de un hecho aislado. Es algo común, pues las mujeres tienen al enemigo en casa. Por eso resulta extraño y hasta bizarro celebrar el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, pues usted lo sabe, vivimos en una sociedad que discrimina y les da pocas oportunidades. Una sociedad en donde de acuerdo con el INEGI, 63 de cada 100 mujeres mayores de 15 años han padecido violencia, un país en el cual 48% de las mujeres ha sido agredido por su pareja y en donde 1.2 millones enfrentaron violencia física muy grave o extrema que puso su vida en riesgo.

La violencia y el sometimiento de la mujer son un acto tan antiguo que se ha convertido en una norma sociocultural profundamente arraigada en el mundo. Un acto tan antiguo, que incluso la propia Biblia en el libro del Génesis dice: “Y de la costilla que Jehová tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre”. Eva, la primera mujer de acuerdo con la Biblia, surgió del hombre.

No nos sorprenda entonces que viviendo en un mundo en donde las mujeres sufren los convencionalismos y estereotipos sobre la masculinidad y la feminidad, que este y otros efectos se hayan integrado por siglos en las mentes y las sociedades, dando paso primero al sexismo, y después a la subestimación y la idea definida de que las mujeres no merecen las mismas oportunidades laborales y educativas que los hombres. Esa es la mejor forma de perpetuar la violencia y las desigualdades y eso seguimos haciendo.

Pero Naciones Unidas es persistente y desde hace 12 años y en el marco del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer”, hace un llamado para utilizar una prenda o algún distintivo color naranja como una oportunidad de hacer visible el rechazo a la violencia contra las mujeres. Eso está bien y sin duda es mejor que no hacer nada, pero la realidad nos ha demostrado que promulgar leyes contra la violencia de género o crear más burocracia buscando reducir la incidencia de delitos en contra de ellas, no han podido eliminar la violencia. Tampoco ha servido emplear una pañoleta o un moño color naranja y tomarse fotos para compartirlas con frases inspiradoras en redes. Con tristeza les digo, que utilizar pulseras con leyendas en contra de la violencia o lanzar globos color naranja hacia el cielo no evitaron nada.

Lograr algún cambio, significaría algo tan profundo como la refundación misma de la sociedad y el papel que en ella jugamos mujeres y hombres. Pero, qué le parece si por lo pronto, empezamos por algo que de tan sencillo parecería absurdo: Deje de golpearlas, de molestarlas, de acosarlas, de minimizarlas, de denostarlas. Dejemos de ser el enemigo que las mujeres tienen en su propia casa, dejemos de ser Juan Manuel.

 
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