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  Edición 600
  La defección de Salazar
 
Gerardo Hernández G.
   
  En pleno proceso para renovar la presidencia del PAN, el diputado coahuilense Luis Fernando Salazar Fernández renunció a una militancia de 20 años para abrazar la siglas de Morena y a su líder Andrés Manuel López Obrador. Argumenta que su expartido, “hoy convertido en rehén de sus propios actos, se encuentra sumido en una confusión que no permite avanzar y, peor aún, no permite actuar a quienes con esfuerzo obtuvimos la confianza y el respaldo de los ciudadanos”. Sin dar nombres, denuncia haber sido “reducido al silencio” después de prometer a los electores “ser una voz valiente que representara sus intereses de manera contundente”.

Como aspirante al gobierno del estado, Fernández afrontó al entonces líder del PAN, Ricardo Anaya, por haberse inclinado por Guillermo Anaya: “Confirmo lo que por mucho tiempo me negué a creer, que tenemos un dirigente traidor que piensa que el PAN es un lugar de apuestas donde también juega la mafia del poder”. Después se reconcilió con los Anaya, pero la relación no volvió a ser la misma; además, el daño a su partido ya estaba hecho. Acción Nacional perdió la elección para gobernador por un margen estrecho.

El diputado Fernández se formó políticamente a la sombra de Jorge Zermeño. En 1996, cuando contaba apenas 19 años (ahora tiene 41), coordinó una de las secciones del plan Ave Azul de la campaña para la alcaldía de Torreón. También fue su asesor en el Congreso y en el Senado, y diputado local en la 56 legislatura (segunda del gobierno de Enrique Martínez). Pero cuando el presidente Calderón nombró a Zermeño embajador en España, las lealtades empezaron a flaquear y las intrigas ocuparon su lugar.

Impacientes, los zermeñistas jóvenes crearon su propio grupo con Guillermo Anaya a la cabeza. Bajo la férula de los Moreira, expertos en espionaje, se filtraron charlas telefónicas de Salazar contra su exjefe. Al regresar de Madrid, Zermeño quiso ser candidato a senador, pero el PAN ya era rehén del tándem Anaya-Salazar y fue marginado. La postulación recayó en el ahora militante de Morena. Zermeño denunció la adulteración del padrón panista con los beneficiarios de la Secretaría de Desarrollo Social cuyo delegado era… Luis Fernando.

Esa historia no la cuenta Salazar. Prefiere el autohalago. “He actuado siempre con lealtad (…). Por ello, no puedo ser consecuente con un partido que desde su crisis organizacional desdibuja la oposición que el país merece (…)”, dice en su carta de renuncia fechada el 17 de octubre, en la víspera de la visita del presidente electo a Saltillo. Su incorporación a Morena se exhibió como un trofeo. Cómo no, si representa un voto más para AMLO en el Congreso. El mismo partido del que ahora abomina lo postuló para diputado en las elecciones de julio pasado.

Como “funcionario crítico”, según él mismo se asume, Salazar denunció a los Moreira por la megadeuda, viajó a Estados Unidos y pidió al gobierno de ese país devolver a Coahuila los recursos confiscados al exsecretario de Finanzas Javier Villarreal. Ahora buscará en Morena nuevas oportunidades. Es un político joven y en su horizonte está la alcadía de Torreón y la gubernatura. Sin embargo, deberá hacer fila, pues para uno y otro cargos la lista de aspirantes es prolija. También se rumoró que Guillermo Anaya pasaría a las filas de AMLO, pero él mismo desmintió la especie. El PAN busca renacer de sus cenizas. En otras crisis ya lo hizo. El escenario de hoy es más complejo, pero puede ser el único contrapeso de Morena. La condición es salir de la órbita de Ricardo Anaya.

 
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