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  Edición 600
  Nueva sociocracia
 
Jaime Torres Mendoza
   
  La antropología cultural debiera constituir hoy una herramienta importante para los gobiernos a la hora de estudiar científicamente la realidad social de los pueblos que están bajo su influencia política.

Lo es porque la antropología cultural utiliza métodos que se ocupan esencialmente de la interpretación de esa realidad social a fin de descubrir cuál es el sentido con que una comunidad contemporánea se percibe a sí misma.

La atención de este método se centra en que el núcleo social estudiado es imaginado en los escenarios que fueron capaces de construir en el pasado. Lo que importa es saber que tal interpretación consiste en funciones mentales utilizadas de manera intencionada con el propósito de adaptar entornos del pasado al mundo real de la actualidad.

El supuesto es que los seres humanos, no importa de qué tiempo sean, generan significados, y que tales contenidos pueden ser entendidos por otros que no compartieron los escenarios originales. La comprensión interpretativa en el presente consiste en sacar sentido a lo que ya otros hicieron.

En general, lo que da sentido a la conducta, es la existencia de pautas compartidas, por lo tanto, hay que buscar el sentido que adquiere en la socialización porque cada conducta, cada comportamiento, evoca algo que nadie podrá reproducir; ese algo es la común comprensión compartida con los miembros del resto de la sociedad.

Bueno. Todo ejercicio que se acerca al estudio de una sociedad del pasado con unos determinados escenarios deberá obtener algún resultado que intente comprender tanto el pasado como las posibilidades del presente. Pero debe quedar claro que la gente del pasado no podía pensar en nosotros, los sujetos de este tiempo.

De ahí que, si queremos realizar una lectura de aquellos escenarios, deberá ser sumamente respetuosa y considerada pues no pertenecemos al pasado, así que la condición necesaria para llegar a conocer el sistema social de aquel escenario, es conocer cómo viven las generaciones contemporáneas pues, pongamos como ejemplo el caso de México, los modernos ciudadanos de este país, siguen constituyendo un área cultural distintiva respecto de otras.

Así pues, la intención de descubrir el significado del escenario mexicano del pasado, deberá tomar en cuenta conocer cómo vivían las gentes de aquel escenario a fin de reconstruir otro posible en el tiempo contemporáneo.

Todo lo anterior ha venido a cuenta porque al hacer una lectura política del nuevo gobierno que en unos cuantos días habrá de asumir sus funciones, encuentro un interés por la socialización de la política. Durante la campaña del presidente electo y durante todos estos días posteriores a su elección, se ha dedicado a proclamar el advenimiento de un reino donde se privilegia lo social, es decir, una especie de sociocracia con miras a convertirse en la estructura política de México.

El ahora presidente se dedicó durante casi 20 años a reclutar una facción de políticos para que le ayudaran a proclamar esa sociocracia y preparar a los ciudadanos mexicanos para la llegada de ese nuevo escenario que formará la realidad política durante los próximos seis años.

El movimiento del nuevo PRI, pero ahora con el nombre de Morena, pasó por una serie de requisitos de transición que fueron desde la formación, en que se fue concibiendo el nuevo escenario, pasando por la agitación que ha causado tanta desconfianza, llegando luego a una reglamentación, que le permitió lograr su estructura; después por la fructificación, en que logró el codiciado trofeo de la presidencia y, seguramente pasará por un último estadio donde se disolverá, espero que para siempre y le ponga fin a este sistema de partidos que nos gobierna.

Pero en esa etapa de fructificación donde ahora está, le toca en turno crear un nuevo escenario donde el bien común sea el nuevo orden de las cosas. Supongo que ya todo fue pensado y repensado para que esto sea una realidad, sin magia de por medio, sin la tentación de la retórica, sin la práctica del engaño y, sobre todo, sin los vicios de antaño.

Después de casi 20 años de preparación, Andrés Manuel López Obrador, casi presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, sabe que el terreno debe estar listo para la creación del nuevo escenario, más allá del status retórico de una simple promesa de campaña.

Sabe, además, que casi 20 años de un discurso verbal pudieron haber agotado las posibilidades reales de la construcción del escenario de sus sueños. Ahora, frente a sí, tiene la dimensión exacta de una estructura compleja que sus antecesores la convirtieron en un intrincado laberinto donde sólo son visibles todos los males y vicios que la aquejan con infinitas ganas de no acabarse nunca.

A lo largo de esos casi 20 años de campaña del nuevo señor presidente, yo he manifestado abiertamente mis dudas respecto a sus propuestas. No encontré nunca diferencia entre las otras propuestas por los engañadores de profesión como fueron las priistas o panistas y también perredistas, sin descartar a los partidillos y al propio Morena.

Hoy mantengo mis dudas, incluso puedo decir que son más profundas. La desbandada priista, panista y demás calamidades de partidos hacia el partido ganador, me lo confirma. Esto no cambia nada.

Pero yo soy un catedrático de la universidad, creo en el saber, en los métodos. Así que una aproximación a la construcción de un nuevo escenario para la realidad mexicana que se avecina basado en la antropología cultural, pondría al presidente en turno y a su equipo de colaboradores, cara a cara frente a nuestro pasado, así como frente a la forma en que aquéllos entendieron su experiencia de organización social.

No esforzarse por comprenderlos en sus propios términos, sólo contribuiría a desacreditar el testimonio que de esa experiencia nos ofrecen. Mi opinión, que no un consejo, es que los nuevos que llegarán a este gobierno se asomen al pasado de este país para no repetir los yerros que han ido desarticulando a lo esencial de este país: su gente.

Desconfío del nuevo presidente, desconfío de su equipo de colaboradores, desconfío de Morena. Pero espero equivocarme. Si así ocurre, sabré reconocerlo con toda humildad.

 
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