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  Reinando en nosotros
 
Marcos Durán
   
  Vaya debate el que ha despertado la Caravana de Migrantes que viene de Centroamérica intentando alcanzar la pesadilla americana. Son unos cuantos cientos de personas que a su paso han provocado memes, bromas, declaraciones, pero también acciones en su contra. Entender por qué dejan su tierra y sus familias no es sencillo. El hecho es que abandonan su país en una especie de éxodo como el que sufrió el pueblo de Dios en busca de la tierra prometida.

Durante su travesía, son calcinados por el infernal sol del desierto y sus pies desgarrados por infinitas caminatas en su intento por huir de la migra: la mexicana y la norteamericana. Son los extranjeros de su patria, los que huyen de la violencia y la miseria, para encontrar racismo y xenofobia. Las víctimas del neoliberalismo que les ha negado cualquier oportunidad. Los expulsados de su tierra, condenados a sufrir robos, extorsiones, secuestros y muerte en un recorrido en donde seis de cada 10 mujeres son víctimas de violencia sexual. Todo lo soportan por la esperanza de una vida mejor, pero como aseveraba Camus, ¿quién podría afirmar que una eternidad de dicha puede compensar un instante de dolor humano?

Pero esta caravana inundó de opiniones las redes, muchas expresando racismo y discriminación, características tan arraigadas entre nosotros como lo describen los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis) 2017 que dice que en México se discrimina por el aspecto físico, por lugar de residencia, por nivel socioeconómico, por género, por diversidad sexual y creencias religiosas, en resumen, los mexicanos discriminamos por todo.

La Encuesta, realizada por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación reveló que el 20% de los mexicanos se sintieron discriminados por al menos una de sus características o rasgos. El principal motivo fue la apariencia física (56.5%); seguido de la manera de hablar (27.7%); la edad (26.9%); las creencias religiosas (24.8%); el lugar donde vive (21.7%), y hasta 19.7% fueron rechazados en razón de su clase social.

Mientras que los grupos que reportan en mayor medida haber sido discriminados son las personas con discapacidad (28.9%), personas indígenas (24%), personas que profesan una religión distinta a la católica (27.3%) y mujeres (22.8%).

“No hay igualdad en México, no hay igualdad para mujeres y menos si son mujeres trans o adultos mayores. No hay igualdad para jóvenes y menos si son indígenas. No hay igualdad para las personas con discapacidad y menos si son gays o lesbianas. No hay igualdad para las personas que nacieron en el extranjero” dijo Alejandra Haas, presidenta del Conapred.

Por la encuesta también conocimos que el tono de piel es uno de los principales motivos de discriminación en el país; entre más oscuro sea el tono de piel disminuye el nivel de escolaridad. También que el 39% de los encuestados no rentaría su casa a un extranjero, por el simple hecho de que no comparten nacionalidad.

En cuanto a los prejuicios más generalizados en México, el 42% piensa que los pobres son pobres porque quieren, y de los migrantes, más del 70% de los mexicanos cree que “la gente que llega de afuera” genera divisiones sociales.

Estamos pues ante la expresión arraigada del clasismo, los prejuicios, el racismo y el odio enraizados en lo más profundo de la sociedad mexicana. Si no le cree a los resultados de esta encuesta haga un ejercicio interior y piense si discrimina a sus semejantes. ¿Cierra el vidrio del carro cuando una mujer indígena le pide apoyo económico para sobrevivir? ¿Respeta los estacionamientos de las personas con capacidades diferentes? ¿Observa con recelo a los migrantes? ¿Se burla de alguien por su color de piel o su condición económica?

Decidamos no tolerar a los intolerantes y aprovechemos la oportunidad para pasar de un trending topic en Twitter o Facebook y mañana olvidarlo todo, o empezar a promover un cambio de actitud enseñando a nuestros hijos a no discriminar y entender el valor de la igualdad. De lo contrario nos exponemos a que los más peligrosos de los enemigos de México, la desigualdad y los prejuicios, terminen como decía el poeta austriaco Hugo Von Hofmannsthal, reinando en nosotros contra nosotros mismos.

 
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