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  Edición 599
  Respuestas predecibles
 
Gabriel Pereyra
   
  Me he preguntado cómo va a revertir y a utilizar Andrés Manuel López Obrador los incidentes que han ocurrido en estas dos semanas: la confrontación de los maestros de la coordinadora con el sindicato, la encuesta sobre el aeropuerto y la participación del nuevo secretario de comunicaciones y transportes con los grupos enmachetados de Atenco, el escándalo de la boda de su más cercano colaborador que fue aprovechado por sus enemigos y algunos amigos para tundirle duro.

Andrés Manuel López Obrador, ve, imagina y modifica las informaciones del día siguiente en la prensa. En función de ello hace declaraciones y toma decisiones para cambiar el sentido y objetivo de la información. Hace algunos años anunció que no viviría en Los Pinos, que habitaría en Palacio Nacional como el presidente don Benito Juárez. Toda la prensa se fue con esa nota y logró desinflar otra que no era en ese momento conveniente divulgar. Ahora estoy pendiente de sus respuestas. Se me ocurre que en el caso del matrimonio de Yánez bateará la bola para correr por lo menos dos bases, la primera será hacer un llamado a sus colaboradores cercanos de la capacidad de escándalo de sus enemigos y de las miles de respuestas no previstas que puede haber ante un acto estrictamente personal, realizado por personas que ya están en la historia de México. Externamente, podrá darle un espacio más prolongado a la luna de miel de Yáñez y su esposa, o alejarlo temporalmente de la exhibición pública, ya que a su regreso de su luna de miel se encontrará con una luna de hiel de la prensa que quiere noticias escandalosas. La otra alternativa es que Yáñez dé una conferencia de prensa, responda todo y esto se acabe en solo 24 horas.

Las otras acciones y manifestaciones, de los maestros, las mesas sobre seguridad nacional, la violencia, el perdón y el olvido, el tema del aeropuerto no deben preocuparnos. Son expresiones de una nueva forma de gobierno, de una democracia participativa, a la que lamentablemente no estamos acostumbrados y todavía no se han definido los canales de expresión de los ciudadanos. Vivimos tanto tiempo en la dictablanda que no sabemos todavía ni el camino, ni la dimensión de una democracia y de la participación, algunos grupos, creen que un machete les da la razón.

Una de las expresiones de la democracia participativa fue la manifestación de 35 millones de mexicanos que votaron por los candidatos de Morena, otra es la convocatoria a que participen y opinen los ciudadanos mediante foros, redes sociales, debates públicos que se están realizando y que tienen vueltos locos a los detractores del nuevo gobierno; la más interesante es que, por primera vez en la historia contemporánea de México, desaparecida la anterior administración a la que le faltan menos de 40 días de ejercicio administrativo.

Normalmente los presidentes electos se retiraban a integrar su gabinete, hacer su plan de gobierno, guardaban silencio para dejar que el hombre que literalmente les había heredado el poder disfrutara con absoluta tranquilidad de los últimos meses de un gobierno absolutista, cerrara sus negocios y hacer su última gira triunfal. Cambian las situaciones, el gobierno de Enrique Peña Nieto sale por la puerta trasera con una patada de 35 millones de votantes. Es evidente el hastío y cansancio de un gobierno corrupto que utilizó los bienes públicos para volverlos privados recoja el rechazo de una sociedad que empieza a participar.

La transición y la toma del poder no es tan sencilla, hay internamente una disputa por el poder. Están las relaciones con el exterior. López Obrador ha cuidado su relación con Estados Unidos y, principalmente, con Donald Trump, con los que toman decisiones económicas y de inversión y con la banca internacional para que podamos tener un pacto económico con los Estados Unidos y Canadá que facilite nuestro desarrollo. Evidentemente la cláusula de que México y Canadá —para establecer convenios comerciales y económicos con China— deben avisar al socio mayoritario, crea una codependencia, pero el tratado nos permite dar estabilidad al sistema mexicano; por otra parte, la propuesta y la decisión de darle autonomía al Banco de México mantiene a los inversionistas y a los grandes productores y comerciantes tranquilos en lo que respecta a la inflación y al manejo del dinero público, por ello el precio del dólar se mantiene estable.

Las crisis se dan donde tienen que darse, en el espacio político, en las cámaras, en los foros, en las entrevistas y presentaciones de Andrés Manuel, ahí tienen que surgir los conflictos y manifestarse las inquietudes para buscar soluciones. No debemos preocuparnos porque se agite el sistema en dichas áreas, ésas son las que hay que mover, es ahí donde se tienen que ver las acciones del nuevo gobierno y definir las políticas públicas que nos permitan iniciar esta cuarta transformación, que si bien va a ser pacifica, no va a ser tranquila. Los intereses son muy grandes y el futuro de país está en juego.

 
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