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  Edición 599
  AMLO y la revocación del cargo
 
Francisco Aguirre Perales
Twitter: @aguirreperalesf
   
  Por fin los representantes populares situados cómodamente en las curules de un parlamento alineado a una hegemonía del poder, ya podrán revisar y seguramente aprobar la ansiada propuesta relativa a la revocación del cargo impulsada por López Obrador durante su campaña política

Con ese paso —que él mismo dio— López Obrador deberá tener mucho cuidado si persiste con sus indecisiones, ya que lo que propone hoy, mañana lo desecha y ya sentado en la silla del águila se le podría aplicar esa norma que él promovió y revocarle el cargo, pues la legislación habla que procede ese dictamen cuando el funcionario incumple, entre otros requisitos, con las responsabilidades propias de su encargo y también por no dar solución a las peticiones que le presentaron durante su campaña política y que él ofreció cumplir a los peticionarios.

Ahora mismo, en la antesala de su toma de posesión, y conforme va pasando el tiempo, hemos observado que el presidente electo se ha visto alejado de la sencillez que expresaba cuando solicitaba el voto, mostrando ser un candidato empático que sabía que le redituaría en votos, cosa que logró.

Esa actitud ha dado lugar en algunos casos a percibir vestigios de una soberbia temprana que lo ha ido desenmascarando y convirtiendo como el manejador de una superioridad avasalladora, no solo en su partido político sino en las cámaras legislativas y que probablemente imprimirá en el propio gobierno que encabezará próximamente.

Esas son muestras de gobiernos pasados, practicantes de una democracia deformada que suponíamos habíamos superado, pero con esos talantes se ve que se está regresando en este milenio con el riesgo de que los jóvenes que inauguran su ciudadanía se puedan contaminar.

Sin embargo, deseamos que con el poder que ha alcanzado y si su gobierno consigue el éxito, que ojalá así sea, no sea motivo para revivir el Maximato, pues las mieles del poder, a las cuales ha demostrado ser susceptible, acabarán por invadirlo sin prescindir del cetro.

Los caminos democráticos que tanto peleó López Obrador y que ahora los tiene abiertos, debe saberlos transitar con visión de estado a fin de lograr que México alcance un lugar destacado entre las naciones, y que los mexicanos, mirando primero por los que viven una pobreza extrema, tengamos calidad de vida. Nos hace falta. No vaya a caer en lo que tanto ha criticado, pues los toros se ven distintos desde la barrera. O, si prefiere el béisbol, hay que saber batear.

Se lo digo en serio.

 
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