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  Edición 599
  ¿A quién le importa el futuro?
 
Esther Quintana Salinas
   
  Han anunciado con bombo y trompetas los legisladores de Morena la presentación de su iniciativa para abrogar la reforma educativa. ¿Por qué hay que echarla abajo? He aquí los argumentos: Señalan que se ignoró la realidad nacional, económica, social y cultural del país, que no se consultó ni con especialistas, ni con maestros, ni con padres de familia, que es una reforma inútil porque no propone soluciones a los problemas educativos nacionales, que lo único que ha generado es caos e incertidumbre. Que la reforma simplemente acató subordinarse a los intereses de empresarios y a las directrices marcadas por la OCDE, el BID y el Banco Mundial, es decir que se está ante la entrega de la educación a transnacionales, con la finalidad de borrar las bases materiales y culturales de la nación. Que con ella lo único que se acrecienta es la desigualdad y el fracaso escolar de las mayorías para que las empresas tengan a su disposición fuerza laboral barata y dócil. Entre otras aseveraciones sin sustento.

Yo era legisladora cuando se aprobó la reforma educativa que ahora los obradoristas quieren hacer tiritas. La reforma venía del poder Ejecutivo (EPN), la recibimos en la Cámara de Diputados y por supuesto que se hicieron foros de consulta a los que asistieron incluso maestros de la CNTE y también del SNTE, padres de familia y especialistas en el tema. En nuestro grupo parlamentario nos tomamos con toda responsabilidad la revisión de los contenidos de la misma, primero la constitucional y luego los de las tres leyes reglamentarias. No es cierto que con ella se vulneran los derechos laborales de los maestros, baste con leer el artículo 3 de nuestra Carta Magna, fracción III: “La ley reglamentaria fijará los criterios, los términos y condiciones de la evaluación obligatoria para el ingreso, la promoción, el reconocimiento y la permanencia en el servicio profesional con pleno respeto a los derechos constitucionales de los trabajadores de la educación…”.

Escuchamos, ponderamos, valoramos… ¿por qué íbamos a atentar contra nuestra historia, contra los valores que han hecho de este país una nación? Yo soy mexicana, amo a este país con todo mi corazón, aquí nacieron mis padres, y antes que ellos mis abuelos y todos los que estuvieron para que hoy estemos sus descendientes. Las afirmaciones de los morenistas son temerarias, están hechas con la cerrazón y amasadas con la intolerancia, y con toneladas de soberbia. Desde la perspectiva de su tozudez están convencidos de que solo sus apreciaciones son válidas y cuanto no coincida con ellos es objeto de sus descalificaciones. No es cierto que vengan a transformar, porque eso implica diálogo, y el diálogo se nutre de la pluralidad de pensamiento.

Sus aseveraciones exhiben un sindicalismo trasnochado, discurso de una izquierda que se quedó varada en la arenga de los setentas. Acusan a la reforma de buscar controlar políticamente a los docentes, eso lo han hecho desde siempre los lideretes sindicales protegidos por el sistema priista, cuando convirtieron al magisterio en una fuente de votos para mantenerse en el poder ad perpetuam, a cambio de entregarle al sindicato la dirección de la educación, es decir el control de las plazas magisteriales… ¿Despidos masivos? ¿Ataques a la permanencia en el empleo? También le endilgan esos “sambenitos” a la reforma, de veras que no se miden. Los maestros tienen hasta tres oportunidades para permanecer frente a grupo, tres exámenes, cuando reprueban el último, después de haber tenido todo un año entre cada una de las evaluaciones para prepararse, tienen dos opciones, ser reasignarlos en otra área o irse con todos sus derechos a salvo.

Jamás me pasó por la cabeza fastidiarles la vida a los maestros, tengo memoria de los que tuve la fortuna de que fueran mi guía y ejemplo. Mi secundaria, mi preparatoria y profesional los cursé en la escuela pública. Mis profesores jamás faltaron a clase, se preparaban a conciencia para la impartición de conocimientos y se esforzaban porque sus alumnos aprendiéramos los contenidos curriculares de las asignaturas, pero sobre todo, para formarnos con valores. Me dieron cátedra de responsabilidad, compromiso y amor a su preciosa tarea de artesanos de hombres, pertenezco a una generación en la que los profesores tenían un profundo respeto por su oficio y por ellos mismos. Hoy día los hay con esa misma estatura, pero también hay otros que no tienen ni la más pálida idea de lo que es el ejercicio de su ministerio. Haberle entregado a los sindicatos la dirección de la educación en nuestro país es una de las peores atrocidades cometidas por el podrido sistema que nos sigue rigiendo. Han satanizado la evaluación como un hecho criminal. Como candidata a diputada federal en 2011 fue parte de la propuesta que yo hice ante los electores, que se evaluara periódicamente a los maestros para que los niños y los jóvenes en este país, tuvieron siempre a los mejores como sus mentores. Lo mejor que una generación puede legar a la siguiente es una educación de calidad… ¿por qué no preparar a quienes los educan para que cada niño y cada joven en México tenga acceso a una educación que les permita desarrollar todo su talento, que les permita transitar más allá de sus propias expectativas, que los avíe para hacer frente a los retos que la vida les pondrá por delante y a alcanzar sus sueños? “El derecho a la educación implica el derecho a docentes cualificados”, o sea con vocación por convicción, determinados a entregar lo mejor de sí mismos, esto es amor por lo que se hace. “Sin duda, la mejor didáctica como lo apunta la pedagoga española Montserrat Gomendio, la más motivadora, germina de una relación profesor-alumno, donde todos han de sentirse fusionados con la tarea educativa, sin obviar la potestad del maestro y el respeto del discípulo, con la colaboración de la familia”.

Por esto es tan relevante e impostergable que el Estado asuma a plenitud esta tarea sustantiva, los docentes formados y cualificados son esenciales para el derecho a la educación, y lo mismo se requiere en los diferentes niveles de gobierno, líderes políticos honestos, por eso necesitamos reconstruir, rediseñar el andamiaje. Glenn J. Doman, médico norteamericano, fundador de los Institutos para el Desarrollo del Potencial Humano, en Philadelphia, a finales de los años 50 se planteó la pregunta: “¿En qué fase de la vida aprendemos las cosas más importantes que sabemos?” Cuando somos niños. ¿Cuáles son esas cosas más importantes? Hablar, caminar, moverse, distinguir olores, colores, factores que representan peligro, diferentes sabores, etc. Doman lo considera “la edad del genio”. Todo el potencial de nuestra vida depende de la educación recibida.

¿Por qué no volver la vista, señores legisladores de Morena y aliados, a otras latitudes en las que la educación es prioridad número uno para los países? Porque de que esta se imparta con los más altos índices de calidad depende en mucho que sus habitantes tengan mejores niveles de vida. En Finlandia, Canadá, Singapur y Corea del Sur se forman y trabajan los mejores docentes. Más allá de que estos países ocupan los primeros lugares en las pruebas de desempeño escolar, lo significativo estriba en el esfuerzo continuo —desde hace más de 30 años— para mejorar la calidad educativa, partiendo de que pudieron ser capaces en períodos de tiempo relativamente cortos de pasar de procesos productivos precarios y de ínfimo valor agregado a convertirse en líderes del conocimiento y esto se refleja en sus envidiables niveles de vida per cápita. ¿Qué tienen en común? Su priorización de la calidad docente y de ahí el gran salto a la calidad de la educación. En sus sistemas educativos destacan seis dimensiones en el manejo del recurso docente: 1) formación previa al servicio, 2) selección, 3) retención y promoción, 4) evaluación para el mejoramiento continuo, 5) formación en servicio y 6) remuneración. Destaco: En estos sistemas se evalúa el desempeño docente para el mejoramiento continuo y las oportunidades de formación en servicio responden a las necesidades específicas de cada docente.

Singapur, verbi gratia, cuenta con el Instituto Nacional de Educación (INE) para impartir las directrices en formación docente y formar a los futuros maestros. Se encarga de establecer la estructura del currículo único nacional, sustentado en la investigación educativa. El instituto está articulado con las escuelas de pedagogía para que se dé una preparación homogénea, lo cual facilita la definición, modificación, actualización y regulación del contenido pedagógico. El Gobierno financió el Centro de Investigación en Pedagogía y Práctica del INE. Señores legisladores de Morena, pongan a trabajar a sus asesores, y si alguno de ustedes les interesa genuinamente mejorar la educación en nuestro país, no arranquen lo que funciona, adecúenlo, mejórenlo. El INEE puede ser una institución similar. En Finlandia, para iniciar el cambio se empezó por profesionalizar la docencia trasladando la formación de todos los maestros de las escuelas normales a la universidad e institucionalizando los programas de capacitación durante el servicio, que hoy siguen siendo de carácter obligatorio. En Canadá, el gobierno de Ontario subsidia el 60% del costo total de cada año de formación docente, que se imparte en trece universidades que ofrecen programas de pedagogía. Una cantidad de programas que facilita la homogeneidad en la formación, la supervisión y el control de calidad. Los estudiantes de pedagogía y sus docentes integran elementos de teoría, investigación y práctica para mejorar aspectos específicos de la labor docente. En Corea se tienen doce universidades nacionales que ofrecen la formación docente en primaria. El gobierno subsidia esta formación. El currículo enfatiza el aprendizaje activo y la adquisición de habilidades como la creatividad, la innovación, el autoaprendizaje y el trabajo en equipo. Además, es revisado cada cinco o 10 años para garantizar su vigencia. Más sobre Singapur, todos los docentes graduados del INE tienen empleo garantizado. Además, su ascenso y permanencia en la carrera docente están determinados a partir del mérito, no de la experiencia. La evaluación anual determina quién asciende y quién no. Solo los muy buenos son maestros senior y solo aquellos que son excepcionales ascienden a maestros master. El proceso de evaluación de los maestros comienza con el año escolar, cuando cada uno elabora en un plan inicial una autoevaluación y establece metas en docencia, innovación pedagógica, apoyo al colegio, entrenamiento profesional y actualización. Después lo consultan con maestros experimentados o líderes escolares para verificar que el plan esté alineado con las metas del colegio y que represente un avance personal. Asimismo, los incrementos salariales a partir del salario inicial, con excepción del bono de retención, son en su totalidad meritocráticos. Cada año, los docentes reciben una bonificación de desempeño, que oscila entre 10 y 30% del salario anual, a partir de los resultados de la evaluación.

Señores legisladores ¿Por qué en lugar de borrar con su mayoría numérica la reforma educativa, no trabajan en la revisión a la misma y ponderan lo que en latitudes como las mencionadas y otras, han dado espléndidos resultados? Y otra solicitud respetuosa, revisen la distribución del presupuesto destinado a educación para el 2019, en el del 2018 el 80% se cargó a pago de nómina —y los maestros mexicanos son de los peor pagados del mundo— el resto a infraestructura y de ese resto sólo el 1% se destina a capacitación. Los investigadores y estudiosos del tema indican que ahí hay un área de oportunidad, yo prefiero llamarla un fangal de corrupción que hay que limpiar.

 
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