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  Edición 598
  2 de octubre: presente y pasado
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  “Cuando la dictadura es un hecho,

la revolución se vuelve un derecho”.

Víctor Hugo

Un vacío de gobierno, un vacío de poder, una ausencia de derechos y libertades, es lo que provoca que las circunstancias históricas se ordenen de tal manera, que las condiciones del momento no puedan más y se dé un punto de inflexión donde las relaciones entre la sociedad y la naturaleza rompan de tal manera, que se abre un claro para exigir soluciones que ya se encontraban en proceso de gestación. Es ahí cuando sucede lo impostergable; los llamados movimientos orgánicos que son necesarios para romper con un escenario no deseado. En 1968 la ciudad de París fue ambiente de acontecimientos que no podían más y ese año, la ciudad de la luz se caracterizó por una sucesión de huelgas y protestas espontáneas, protestas que partieron de movimientos estudiantiles y que se contagió a sindicatos generando una protesta masiva jamás vista. Con distintas consideraciones, tras los estallidos de Paris, en América le sucedieron Estados Unidos y México.

Esos días en nuestro país, la penumbra invadió las calles, fueron días llenos de borrasca. El 2 de octubre de 1968 el gobierno calló, los medios informativos enmudecieron ante el poder hegemónico y la mayor parte del país no estuvo informada de la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco. No se informó sobre lo ocurrido, solo fue a discreción con información fraccionada como si fuese todo un rompecabezas difícil de armar. Ayer, el ambiente se enrareció, las madres callaban y lloraban, los padres gritaban de impotencia y los universitarios vivieron en vilo 146 días que la sociedad mexicana no ha podido olvidar.

El 2 de octubre sobrevino la masacre. La matanza de Tlatelolco encendió la llama de futuras luchas sociales. Aunque se decía que en México se vivía un paraíso y una tranquilidad, la realidad era que no había oposición, todo era un “presidencialismo-autoritarismo de lo lindo”. Pero por dentro se gestaba un derecho a la voz y un descontento acumulado. De pronto, un pleito callejero de pandillas contra estudiantes hizo que estallara el movimiento de 1968 cuyas únicas armas fueron las brigadas de información, las manifestaciones y las asambleas en los dos grandes centros de estudio de nuestro país, la universidad y el politécnico.

La universidad actuó como la gran protectora de sus estudiantes, muchos de ellos se ocultaron en sus aulas y hasta durmieron en los corredores para no perderse una sola de las asambleas. ¡El 2 de octubre no se olvida!, no se olvida que el ejército tomó la plaza y hombres vestidos de civil que llevaban un guante blanco para identificarse desataron la balacera. El 2 de octubre es un símbolo de algo más grande que una huelga estudiantil, no se olvida porque cambió nuestra cultura de rebeldía. No se olvida porque incluyó a los jóvenes como un sector activo de la ciudadanía y creó la comunidad imaginaria de los inconformes: todos sin conocerse luchaban por lo mismo, se unieron sin verse, se abrazaron sin tocarse. Los cuerpos, a la distancia estaban siempre cerca, los cuerpos a la distancia, siguen estando cerca. Hay décadas donde nada ocurre; y hay semanas donde ocurren décadas (Vladimir Ilich Lenin).

 
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