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  Edición 598
  La fórmula para vivir menos
 
Marcos Durán
   
  La noticia nadie, o casi nadie la leyó; porque en México nadie o casi nadie lee. La UNESCO publicó los resultados de una encuesta efectuada entre 108 países sobre el índice de lectura. De todos ellos, México ocupó el sitio número 107. La investigación reveló que en promedio, los mexicanos leemos 2.8 libros al año, mientras que en España se leen 7.5 libros y en Alemania 12. De acuerdo a estos datos, Japón tiene el primer lugar con 91% de población lectora, seguida de Alemania con un 67%, y en penúltimo lugar México con el dos por ciento de mexicanos con hábito de lectura.

El estudio indica que en los últimos seis meses, el 40% de los mexicanos no leyó ningún libro. Además, el 48% jamás ha ido a una biblioteca, y que existe solo una por cada 15 mil habitantes y una librería por cada 200 mil.

Leyes de fomento a la lectura, ferias del libro, festivales, magnas bibliotecas públicas, centros culturales, millones de libros impresos y otros tantos más en forma digital disponibles en la red; pero todo ha resultado inútil porque los resultados son contundentes: somos un caso extraño de analfabetos avanzados porque aprendimos a leer y no leemos.

Un tema aparte es lo que elegimos leer. Schopenhauer convocaba el hábito de la no lectura antes del triunfo de escritores como Paulo Coelho o Carlos Cuauhtémoc Sánchez y de revistas tan connotadas como TV Notas. Y aunque no será aquí donde juzguemos sus obras, el que tengamos un Nobel de Literatura en Octavio Paz y seis Premios Cervantes con el mismo Paz, Carlos Fuentes, Sergio Pitol, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska y Fernando del Paso y otros escritores laureados como Juan Rulfo, Alfonso Reyes, Rosario Castellanos, Jorge Ibargüengoitia, y Juan Villoro; aspiraríamos a que nuestras preferencias fueran otras.

Y aunque también es cierto: que la lectura no nos hace mejores personas porque eso es inherente al espíritu de cada uno de nosotros y ahí estan los casos de tiranos como Hitler, Stalin, Mao y Franco, apasionados lectores pero represores de la lectura y las libertades humanas. Además, existen otros que dicen leer y otros más que lo aprendido a través de la lectura no lo aplican en la vida real o quizás leyeron malos libros, que también los hay.

¿Entonces, por qué y para qué leer? Porque cuando uno lee se amplía el horizonte de la vida. Crece la imaginación, se despiertan los sentidos, se adquieren conocimientos, habilidades y se desarrolla la comprensión. Pero si todo esto le parece insuficiente, existen otros incentivos para hacerlo.

Un estudio realizado en Inglaterra a más de 20 mil personas, permitió conocer que la práctica de la lectura, cuando se hace por placer y hábito, es uno de las claves del éxito profesional y, a veces, hasta personal y le cito algunos ejemplos: las mujeres que a los 16 años leían libros, tenían 39% de probabilidades de alcanzar un puesto gerencial y las que decidieron no leer durante ese mismo tiempo, sus posibilidades bajaron a 25%. En los hombres, la cifra pasó de un 48%, entre quienes no leían a los 16 años, a un 58% entre los que sí tenían este hábito. Este mismo estudio arrojó que la gente infeliz ve un 20% más de televisión que la gente feliz. El estudio dice que la lectura es la única actividad que asegura mayor éxito laboral en la vida, además de ayudar a fortalecer las relaciones sociales.

Así que al menos por interés económico y social leamos. En síntesis, podemos decir que la lectura es la fórmula perfecta para vivir menos… menos engañados, menos reprimidos, menos inseguros, menos ignorantes y, sobre todo, menos infelices. Aunque al final de todo, importa muy poco porque esto no lo va a leer nadie.

P.D. Hace un año se quitó la vida el gran Luis González de Alba, líder del movimiento del 68 que fue encarcelado en Lecumberri por un gorila, de esos que aún siguen por ahí (aunque ya sin poder y sin nadie que lo esté alabando). Escritor y divulgador científico, González de Alba ganó el premio Xavier Villaurrutia y fue un férreo defensor de los derechos de la comunidad homosexual. Ante su muerte, otro grande, Enrique Krauze, dijo: “elegiste morir justamente hoy, 2 de octubre. Fuiste la conciencia histórica del 68. No te olvidaremos”.

 
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