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  Edición 597
  Valiente queja
 
Ignacio Espinosa Solís
Sitio Web: www.kiskesabe.com
   
  Muchos enfermos sufren las penurias de nuestras limitaciones como médicos y no siempre logramos la satisfacción plena de las personas solicitando nuestro apoyo profesional. Nuestras pifias pueden ser leves, graves y hasta mortales, ni duda. Y ningún profesional de la medicina está libre de haber cometido alguno de estos errores. Si algo molesta o incomoda a los médicos, son los cuestionamientos de los enfermos, a quienes se les limita el derecho a obtener información veraz y objetiva. Y si un enfermo tiene la osadía de preguntar sobre el diagnóstico, el pronóstico o el tratamiento, el médico se pone en guardia defensiva y recurre a menospreciar al que pregunta arguyendo que él es el médico, el que sabe lo que hace y no se pueden poner en tela de juicio sus decisiones, sus tratamientos y su investidura de galeno, y mucho menos si es especialista egresado de los afamados grandes hospitales, templos del saber médico, a los cuales no se puede cuestionar.

En la actualidad, de alguna forma se ha modificado esa relación y es bien sabido que muchos enfermos o familiares de enfermos se han excedido en sus reclamos y hasta han agredido a diferentes médicos en las atestadas salas de los hospitales a los que acuden para su atención.

Personalmente, sostengo que en la mayoría, pero no en todos los reclamos, el enfermo tiene la razón y, en general, hemos sido incapaces de dejar satisfechos a los enfermos ya en el aspecto técnico médico, y más frecuentemente en la condición humana de comunicación médico paciente. Esto está confirmado en las estadísticas de la CONAMED, algo así como el 80% de los reclamos se deben a la deficiente relación médico paciente y no a la competencia profesional por sí misma.

Así se ve este asunto y me lo confirma la queja personal que un paciente insatisfecho me hizo saber por medio del correo electrónico. He aquí la queja textual para que cada uno de mis dos lectores juzgue:

“Doctor, Yo fui su paciente con un problema de infección vaginal y de vías urinarias y usted me atendió, hizo estudios y recetó y me decepcionó tanto que a un mes de haberlo terminado me volvió todo el problema a resurgir, realmente yo le tenía tanta no fe, sino confianza y me decepcionó tanto. De esto ya hace más de un año y siempre quise que lo supiera y hasta ahorita me encontré su correo. Usted con tanta experiencia que dice tener y me dijo que lo mío no era grave, pero vea, no pudo usted con eso, solo me hizo gastar y yo sigo igual y no tengo dinero para ir con un buen doctor. Yo m esforcé tanto ahorrando para ir con usted pero solo tiré mi dinero. Me llamo… fulana de tal”.

Al toro por los cuernos, reza un filosófico refrán. Esta fue mi respuesta:

“Hola: enterado de tu inconformidad, con toda confianza puedes llamarme por teléfono o acudir directamente conmigo para ver en qué te puedo apoyar, independientemente de si tienes o no dinero. ¿Qué te parece?”

No hubo respuesta y envié otro mensaje:

“Hola. Revisé tu expediente. Recuerda que te vi en mayo 31 del 16. Tu me dijiste que padecías de la orina y que ya te habían tratado varios médicos desde antes y según tú, seguías igual. Únicamente te quejabas de mal olor de la orina nada más; te expliqué que no tenías otros síntomas de infección porque no tenías ni fiebre, ni ardor para orinar, ni orinabas frecuente, es decir, no tenías síntomas francos de infección y por eso te dije que no era grave.

“Te solicité estudios de orina y salió positivo, te di tratamiento y tu dijiste que mejoraste. El 14 de julio me dijiste que te sentías mejor y te seguí tratando. A veces los cultivos de orina pueden seguir positivos pero si el paciente no tiene francos síntomas de infección, el problema no es grave, eso también te lo aclaré porque tu queja principal y que más te preocupaba era el olor de la orina, pero te dije que ese dato no era exclusivo ni el único ni el principal para determinar si hay infección porque el olor de la orina normal no es agradable. Además tú también tienes colitis nerviosa con estreñimiento y flujo vaginal para lo cual también te dí tratamiento.

“Regresaste el 6 de agosto de 2016 y me informaste que ahora sí ya te sentías muy bien, estabas bien por que el mal olor de la orina había desaparecido. Te seguí tratamiento para tratar de prevenir y vigilar recaídas porque esas infecciones pueden repetir como las de la garganta, por ejemplo. Te dije que en caso necesario tendría que verte un ginecólogo para ver lo del flujo vaginal.

Ya no regresaste ni me informaste de tu evolución pues en mi receta están los dos teléfonos.

“Aunque ha pasado un año, es bueno que te hayas animado a reclamarme, tienes todo el derecho y acepto tu queja y estoy en la mejor disposición de aclarar y apoyarte en lo que se te ofrezca de tu inconformidad. Siempre viniste sola, te sugerí desde la primera vez que vinieses acompañada con el fin de que alguien oyera mis puntos de vista y observaciones”.

Tampoco hubo respuesta y unos días antes de esta publicación, le envié un recordatorio por correo. Recordatorio de la queja, no de otra cosa y hasta el momento de esta publicación, no hay respuesta.

Cualquier actividad humana tiene satisfacciones y sinsabores, hay que aprender de ambos, los que más nos enseñan son los sinsabores. En este caso queda el sinsabor de una posible falla, por fortuna para la enferma, no grave porque vive para reclamar su disconformidad.

 
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