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  Edición 597
  Léeme al oído, no tanto porque…
 
Sergio Arévalo
   
  De niño era un chico pegado a la televisión. Me sabía toda la programación del canal cinco, desde las series que pasaban en la mañana hasta “las de Goku”, diría mi madre. Hasta que llegó algo que me ayudaría para toda la vida, que me adentraría a nuevos mundos y sin despegarme del sofá: el libro. Con él, llegó uno de los mejores hábitos que se puede tener.

La lectura viene desde los principios del hombre. De los primeros jeroglíficos esculpidos en piedra a la de la tinta de los pergaminos, o a la lectura digital, el hábito lector ha pasado de la mano de la historia de la humanidad. Aunque no sabemos que es más complicado, leer los jeroglíficos o los íconos de una chica adolescente.

Leer es un beneficioso ejercicio mental. Rendir culto al cuerpo está en boga (eso dicen, no me consta), pero ¿y dedicar tiempo al cultivo de la mente? Y dije cultivo, no culto, por aquello de las malinterpretaciones. “Al igual que nos cuidamos y vamos cada vez más al gimnasio, deberíamos dedicar media hora diaria a la lectura”, sostiene el escritor catalán Emili Teixidor, la verdad es que algunos ni uno ni otro, ¿levantamiento de taza de café cuenta?

Una de las principales dificultades en el aprendizaje que enfrenta la sociedad actual es la falta de comprensión de lectura, ¿no les pasa que les preguntan algo que en su publicación dijeron claramente?, eso nos debe recordar que muchas veces se confunde leer con entender los contenidos.

Por eso es muy importante la lectura comprensiva, cuando nosotros entendamos lo leído se produce el aprendizaje, no basta con posar con los libros en Instagram. Este proceso se desarrolla de manera diferente en cada persona, ya que cada uno tiene diferentes ritmos para aprender, utiliza destrezas distintas y sus propias experiencias al enfrentar un texto, de disfrutarlo, de seducirlo… de comerlo.

Como institución debemos recalcar que una buena comprensión ayuda al desarrollo del lenguaje, mejora la expresión oral y escrita, el vocabulario, la ortografía, las relaciones interpersonales, ya que existe una mejor manera de expresar lo que se piensa, aumenta el nivel cultural, despierta distintos intereses y potencia la capacidad de observación, atención y de concentración en nuestros alumnos.

Sabemos que esta es una tarea conjunta con la familia, ya que es importante que la lectura se convierta en un hábito diario y en una necesidad, que los niños pidan que cada noche les lean un libro o tengan ganas de comprar o conseguir un nuevo texto. De esta manera podrán paulatinamente descubrir el placer de la lectura y mejorar su comprensión.

Además de alimentar la imaginación y favorecer la concentración, la lectura ayuda a mejorar algunas habilidades sociales, como la empatía. Un ávido lector, rápido aprende a identificarse con los personajes de las historias que lee. Muchos libros fueron la clave del desarrollo de algunos acontecimientos históricos y ahora, en momentos de incertidumbre y crisis, la lectura debería adquirir protagonismo.

 
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