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  Edición 597
  Esconderse en el anonimato
 
Gerardo Moscoso
   
  Son múltiples las causas que dan lugar a la implantación de regímenes dictatoriales. Sin embargo, es posible determinar su origen aproximadamente en dos momentos: a) en los inicios de una comunidad en la que la ausencia de instituciones puede dar lugar a la aparición de personas o fracciones con afanes monopolizadores; b) en el supuesto más frecuente que es cuando una comunidad política ya formada entra en crisis, poniendo en peligro la estructura del poder político-económico ya existente.

Esta fractura del orden social produce de manera inmediata la inestabilidad del sistema acarreando como consecuencia la apertura de puertas hacia su desaparición. En unos casos la defensa del orden social, ya sea aplicando los mecanismos constitucionales de excepción, es decir, estableciendo una dictadura constitucional y, por lo tanto, limitada y dirigida a restaurar el modelo amenazado; o bien, dejando en suspenso la legalidad para, por medio de la dictadura anticonstitucional, preservar la supremacía y el dominio de la clase o sector amenazados por la crisis. En otros casos, y desde la posición opuesta, es decir, al margen de los cauces constitucionales, de lo que se trata es de poner fin al orden establecido, instaurando una dictadura al servicio de nuevos planes e intereses.

Las diferencias básicas entre una dictadura constitucional y la no constitucional, no legitimada, en origen consisten en que mientras la primera es legal, la segunda no lo es; y en que si una nace con un límite temporal y vencedor, (el regreso a la normalidad anterior) la otra no tiene más condiciones que la absoluta voluntad del nuevo poder. El veneno, para extenderse, aquí, entre nosotros, los personajes que se esconden en el anonimato, ha comenzado su tarea. Sin que nos demos cuenta alguien ha empezado a ver en nuestra cara los estigmas de una ideología contraria, una falta de respeto al que difiere, al que no piensa de manera semejante.

Una sola idea, puede ser más destructiva que el cáncer más letal. La educación laica y la cultura son las bases de una sociedad igualitaria y que sin este ideal no es posible construir una democracia. No debemos renunciar a esa lucha.

 
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