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  Edición 597
  Un niño, una causa, mil corazones
 
Edgar London
Sitio Web: www.edgarlondon.com
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  Le dicen Kike y cumplió seis años. Su historia no es única, pero tampoco común y corriente. Goza de ese paradójico encanto que une en ocasiones muy especiales a la melancolía con la felicidad. Dos extremos que se contraponen completan la anécdota. Por un lado, una enfermedad dura y peculiar; por el otro, una solidaridad voluntaria, efusiva y sincera, que ya quisieran los políticos encontrar en el seno de su electorado.

Kike sufre de síndrome de Hirschsprung, pero su condición no lo amilana para enfrentar la vida con una alegría que muchos adultos no encuentran en otros múltiples síndromes que se generan entre las cuatro paredes de una oficina o apostados frente a las esteras interminables de una fábrica, donde el presente pesa más que un saco de cemento y el futuro no pasa de ser un vocablo sin esperanza ni sentido.

Sin duda, seis años son muy pocos para preocuparse por los días venideros, pero su más reciente fiesta de cumpleaños, celebrada el pasado 16 de septiembre, sin duda permanecerá en su memoria por lustros sino décadas. Y es que a pedido de familiares y amigos que querían prepararle un evento especial, un nutrido grupo de saltillenses, salidos de los más disímiles rincones, se agruparon para organizarle un festejo increíble al pequeño.

Gracias a las redes sociales y el “boca a boca” que nunca pasa de moda ni pierde su efectividad, la noticia se esparció por la ciudad. Para ayudar a la familia del niño con su celebración se apuntaron profesionistas, amas de casa, estudiantes, motociclistas, artistas y todo tipo de personas en pos de un único objetivo: hacer feliz a Kike.

Hubo quien ayudó con el salón, otros con la comida, aquel con la bebida, muchos con el espectáculo —de pronto sobraron los payasos para amenizar el evento, la mayoría improvisados y no por ello menos graciosos—, por supuesto, se contaron con varias botargas, organizadores, los infaltables bolos, el pastel, la piñata y cómo olvidar al “robot electrónico” con sus luces y graciosos movimientos... ¡Ahhh, y hasta un paseo en limusina! Al final, se demostró cuánta razón carga el viejo dicho “más hace el que quiere, que el que puede”.

Una enseñanza implícita en medio de la alegría reinante y que Kike no debe olvidar. Siempre se pueden alcanzar los sueños, no importa cuán lejanos éstos parezcan. Y no se trata de echarse a dormir esperando por que se cumplan, sino luchar por alcanzarlos sin temer lo escurridizo que al inicio se muestren.

Otra lección que no debe pasarse por alto: donde hay amigos, no hay carencias. Los saltillenses podrán tener muchos defectos, pero está claro que cuando una buena causa hace escala en su corazón, se despierta el afecto colectivo y las ganas de cooperar. Iniciativas similares se han visto en Sidney, París y New York, amén de otras urbes cosmopolitas. Ahora Saltillo se une a ese selecto grupo de ciudades entusiastas donde los milagros se hacen realidad y deja en claro que no son montajes publicitarios que se publican en la red. Kike y sus seguidores lo pueden confirmar.

Punto especial para los más jóvenes que conformaban el grueso de la comitiva. Ellos evidenciaron que su mundo va más allá de los mensajes insulsos en Twitter, los likes de Facebook o las vanidades que se promueven desde Instagram. También son capaces de luchar y aportar a acciones altruistas sin mayores recompensas que la sonrisa de un niño… detalle que, a propósito, no resulta poca ganancia. El ejemplo de estos noveles hombres y mujeres brinda esperanzas al futuro de un país donde las actuales generaciones de estudiantes, universitarios y emprendedores veinteañeros son tildados de apáticos e indiferentes ante la situación que atraviesa México y el mundo. Definitivamente, no falta compromiso ni entusiasmo, si acaso verdadera motivación. El 16 esta máxima quedó signada.

Gracias a ellos, Kike, el pequeño gigante, disfrutó de una fiesta que no hay billete que sea capaz de solventar. Porque allí, junto a los juguetes, los aperitivos, la música, los regalos y otros objetos que pueden ser comprados, había toneladas de amor, amistad y afecto verdadero. Valores que calan en los sentimientos hasta producir lágrimas de felicidad y ni todo el dinero del mundo serviría para lograrlo alcanzar.

Y sí, la fecha del festejo ya quedó atrás, pero no los deseos de seguir celebrando. Así que, quizás esté de más decirlo, pero no escribirlo. ¡Felicidades, Kike! ¡Que cumplas muchos, muchos años más!

 
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