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  Edición 597
  ¿En cuál confiamos?
 
Marcos Durán
   
  Es en tiempos aciagos, oscuros, cuando las cosas van o pueden ir mal, en momentos de grandes tribulaciones, cuando nos refugiamos en la religión. En ocasiones —las menos— acudimos a ella para agradecer por los regalos de la vida: nuestros hijos, la salud, incluso los bienes materiales. La religión nos ayuda a reconfortar y dar fuerza al espíritu, llena los vacíos de nuestras vidas y nos ayuda también a encontrar un sentido a nuestra existencia y poder sobrellevar la indiferencia que muestra hacia nosotros el universo. La religión a veces ha servido para liberarnos de las cavernas y de la ceguera. Incluso, la religión ayuda a calmar los instintos del hombre, atemperando el lado animal que a veces despierta convirtiéndonos en seres violentos. De las creencias y prácticas religiosas, dependen millones de almas que encuentran en ellas, como decía Erich Fromm, la razón para resignarse a las muchas frustraciones que presenta la realidad.

Pero el problema empieza en decidir ¿A cuál Dios rezarle? ¿En cuál Dios confiamos? Y es que aunque para nosotros, en este lado del mundo, decir Dios o rezar a Dios, es la única verdad; existen regiones enteras del mundo que no tienen esa misma idea, ni tampoco saben quién es nuestro Dios. Nosotros, un poco con soberbia, lo llamamos “Dios”, así a secas, aunque en la Biblia se le nombra como Yahveh. Lo cierto es que cuando escuchamos sobre los dioses de otras religiones, nuestra salida fácil es decir: Dios solo hay uno. Y aunque es verdad, que el cristianismo es la religión más difundida y practicada en el mundo. Lo confirma un estudio elaborado por el centro de investigación Pew para asuntos religiosos que reveló que en el mundo existen dos mil 200 millones de personas que dicen tener la fe cristiana (católicos, protestantes, anglicanos, ortodoxos, mormones, luteranos, testigos de Jehová, metodistas y un largo etcétera.) Son el 32% de la población mundial quienes la practican y se ubican principalmente en América y Europa. Su libro de cabecera es la Biblia.

Le siguen en número los musulmanes, que se basan en las enseñanzas de su libro, el Corán. Ellos tienen como su Dios a Alá y como su profeta a Mahoma. Son mil 600 millones de musulmanes y aumenta su número a gran velocidad pues son ya el 23% en todo el mundo. El Islamismo está presente con fuerza en el medio oriente y en muchos países del sureste asiático. Luego están los hindúes con mil millones de practicantes, la mayor parte de ellos en la India. Ese es el motivo del porqué muchos llaman a los habitantes de ese país como hindúes, pero el nombre correcto es indios, los hindúes son quienes practican el Hinduismo, religión que tiene a varios dioses, entre ellos Shiva, Krishna y Ganesha.

Quinientos millones de seres humanos practican el Budismo, están principalmente en países asiáticos, donde, por cierto, no tienen al Buda gordito y simpático que conocemos por este lado del mundo. Ellos tienen a Siddhartha. Los judíos son una minoría de solo 14 millones de personas, pero su Torá y el Talmud tienen una influencia determinante alrededor del mundo.

Después de todas estás religiones, quedan cerca de 400 millones de personas que practican religiones como el Taoísmo y algunas locales. Luego, estamos casi mil millones de personas sin una fe definida. No somos cristianos, budistas, hinduistas o musulmanes. Somos mil millones de personas sin una religión, aunque algunos de estos sí creen en un Dios o ser superior.

Por eso piénselo dos veces, pues mientras usted se encomienda al Dios de la Biblia, otros se encomiendan a uno distinto que puede ser Alá, Shiva, Buda, Ganesha, Yahvé y tantos otros. Así que le pregunta sería: ¿A cuál Dios debemos de rezarle?, ¿En qué Dios confiamos?, ¿Hay un Dios más efectivo que otro? ¿Hay un Dios más bondadoso o represor que otro? Piense bien la respuesta, porque precisamente por este motivo, por pretender imponer una fe sobre otra, el hombre ha desatado guerras, muerte y tragedias a lo largo de toda nuestra historia.

 
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