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  Edición 594
  Conciencia ambiental
 
Abraham Álvarez Ramírez
   
  Para que el socialismo tenga futuro es un libro que publica la editorial El Viejo Topo a través de la Fundación de Investigaciones Marxistas. En este libro se precisan claves de un discurso emancipatorio con una crítica abierta al neoliberalismo, apuntando que este discernimiento ha alcanzado un gran espacio crítico en donde se comienza a tener importantes manifestaciones sociales y políticas. Con una izquierda transformadora, este volumen abre las posibilidades y el paradigma a nuevas propuestas tangibles y abre paso también a una sociedad alternativa que parece dibujarse entre la desesperación y los nuevos anhelos.

Dentro de sus tres propuestas, el nuevo socialismo delimita en su tercera estrategia una construcción política de orden social igualitario y en paz con la naturaleza en donde se reclama como premisa el pacto de un nuevo federalismo. Este nuevo proyecto ecosocialista tiene dos vertientes estrechamente vinculadas: una roja, definitivamente socioeconómica, y otra verde de carácter socioambiental. En ese sentido, la vertiente socioambiental pretende concientizar respecto el redescubrimiento de un mundo común, apelando principalmente a un cambio cultural.

Con la caída del Muro de Berlín se le proporcionó al neoliberalismo la palestra para proclamar el fin de la historia y la victoria del pensamiento único. Pero con ello, entramos a una crisis ecológica planetaria, donde se desmintió al mercado como la panacea para vivir en el mejor de los mundos posibles. Ante estas circunstancias (el desafió de la problemática ambiental) el mercado es el problema, no la solución. Hoy nuestra forma de vida, es pura y simplemente insostenible; es por ello, que una cultura nueva emerge en favor de la sustentabilidad como una de las fuerzas más importantes a contrapelo del neoliberalismo. Afortunadamente, los defensores del capitalismo no se han percatado de este desafío ambiental y el gran calado cultural que esto implica. La cultura ambiental solo la han remitido a fragmentos cercanos de la vida cotidiana —como la bolsa de basura, el agua corriente, las fuentes de energía, los incendios forestales, el transporte que empleamos para salir de casa, el funcionamiento de las ciudades— y han unido esto de manera gigantesca a principios y valores muy básicos que forman parte común y de referencia de nuestra civilización. Es por ello que, de alguna u otra manera, todos nos consideramos en cierto sentido ecologistas.

Tanto el socialismo como el capitalismo nos han heredado una crisis ecológica de carácter planetario, cuya resolución exige remover los fundamentos de aquel crecimiento industrial perseguido como fin común. La crisis del medio ambiente no implica sólo, por tanto, la crisis de un sistema económico o de un aspecto particular del mismo. Supone una crisis de civilización. Esto es, dentro de un marco común de pensamiento y propósito que ha regido desde el principio mismo del capitalismo industrial y que, paradójicamente, fue abrazado por el socialismo.

Es importante reconocer que la naturaleza es mucho más vieja, paciente y potente que el conjunto de la humanidad. Puede continuar perfectamente sin ella. Nosotros no podemos decir lo mismo. Hoy nos amenazamos con un pensamiento suicida como especie; el problema es socioambiental y no propiamente ecológico, por ello la solución recae en el tema social y ambiental a la par.

Debemos procurar la toma de conciencia del deterioro causado al medio ambiente por decisiones equivocadas de muchas instituciones y de nosotros como género humano. En ese sentido y apelando a un problema socioambiental y no ecológico, la Universidad Autónoma de Coahuila dentro de sus fines de investigación y difusión cultural convocó a la Comisión Nacional del Agua con ayuda de la sociedad y gobierno del Estado a exigir que se regulen en particular los derechos de agua en el Valle de Cuatro Ciénegas para preservar este ecosistema que incluso cuenta con especies endémicas. Su biodiversidad es única en el mundo. Este cambio de paradigmas y de cultura en donde participan academia, sociedad y gobierno son de alguna manera precisiones que define el libro Para que el socialismo tenga futuro. El capitalismo voraz y ramplón es en gran medida el culpable en su afán de solo producir pese a las consecuencias.

Un nuevo socialismo “ecológico” tiene más que ver con el proceso democrático para decidir colectivamente los fines a alcanzar, que con los medios a emplear para alcanzarlos. Esto no significa tampoco que los medios carezcan de importancia. Un sistema socialista y democrático puede planificar una economía con mercados.

 
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