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  Edición 594
  Viaje al infierno
 
Marcos Durán
   
  En los primeros años de la humanidad, el hombre volteó hacia el sol y comprobó que todos los días lo iluminaba y que también sin él, su mundo se oscurecía. Se dio cuenta de la seguridad que brindaba su luz y los efectos que producía: alimento y calor.

Tal majestuosidad llevó a los humanos a hacerlo su Dios: En Egipto se llamó Atum; en Grecia, Helios; para los romanos era Apolo; en el Mitraismo era el Sol Invictus y para los mexicas Huitzilopochtli. Incluso de acuerdo con algunos investigadores, la palabra Amén, derivaría del nombre egipcio Amón-Ra, nombre que después se dio al dios del sol. Ha sido tal su impacto entre las religiones, que el Mitraísmo, religión profesada en la antigua Roma, celebraba su nacimiento el 25 de diciembre, fecha que después fue tomada por el cristianismo para conmemorar ese día ya arraigado entre la población, como el del nacimiento de Jesús. Milenios después, Copérnico, el científico creador de la teoría heliocéntrica, lo imaginaba sentado en su trono real, gobernando una familia de planetas que giran alrededor suyo.

El Sol da siempre sin esperar recibir nada a cambio. Lo hace a pesar de tener la más alta de las responsabilidades pues su fuerza gravitacional nos mantiene en órbita y permite que con sus rayos se dé el proceso de fotosíntesis, con el cual crecen las plantas que nos alimentan. Permite además que corran los vientos; las corrientes oceánicas y su radiación generan el calor que forma las nubes que nos dan el agua. El sol ha existido, por lo menos los últimos cinco mil millones de años, y se estima que dure otros cuatro mil 500 millones de años más. Dispone de tal poder que datos científicos arrojan que tan solo una hora de los rayos que caen sobre la Tierra son equivalentes al total de energía consumida en todo el planeta en un periodo de un año. Pero a pesar de ello, solo el 0.5% de la demanda mundial de energía es solar.

Sin embargo, a pesar de sus bondades, el sol es un territorio hostil, inhóspito. De una visita con humanos a bordo olvidémonos. Lo que sí es posible es la misión que la NASA lanzó el 11 de agosto, cuando envío en un “Viaje al infierno” a la sonda Parker Solar Probe, un artefacto de 685 kilogramos que navegará por la región más caliente de nuestra estrella, donde las temperaturas alcanza los dos millones de grados celsius. Se trata de un viaje que implicará un recorrido de 6.16 millones de kilómetros, lo cual le tomará siete años y que colocará a la em>Parker Solar Probe a la menor distancia de cualquier nave o sonda que se haya acercado al sol.

El nombre de la sonda hace un homenaje al científico Eugene Newman Parker, quién en los años 50 intentaba probar su teoría de la existencia del viento solar. Junto a una placa de recuerdo a este investigador, viajará una memoria con los nombres de 1.1 millones de entusiastas que han querido “acercarse” así hasta la estrella. En unos cuantos años, la humanidad podrá, gracias a la información que proveerá esta sonda, comprender mejor los efectos que tiene sobre nosotros nuestra más importante estrella y cómo afecta al planeta.

Y como el futuro nos alcanzó, no nos queda más que generar electricidad con energía solar. Hoy con celdas fotovoltaicas, se puede aprovechar la radiación que al separar los electrones de sus átomos, fluye por las celdas generando electricidad. En este campo los avances aunque lentos, son notables: Más empresas desarrollan tecnología y aplican innovación construyendo boilers y estufas solares, automóviles, aviones y otras formas de transporte al igual que las plantas “girarán al sol” como fuente sustentable y renovable de energía.

No hay futuro. Los combustibles fósiles como carbón, petróleo y gas, además de ser recursos no renovables, son una fuente enorme de contaminación para el planeta, además de que según los cálculos más generosos, podrían agotarse en menos de 100 años. El sol nos ofrece energía limpia, renovable y en una abundancia más grande de lo que podemos imaginar. El sol nos alumbra, nos calienta, nos da energía e incluso en palabras mismas de Galileo Galilei: “El sol a cuyo alrededor giran tantos planetas... no se olvida de madurar un racimo de uvas”.

 
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