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  Edición 593
  La inocencia atrapada
 
Rosa Esther Beltrán
   
  En mayo de este año el gobierno de Donald Trump, bajo la política de Tolerancia Cero, comenzó a procesar judicialmente a todos los adultos que ilegalmente cruzaban la frontera de Estados Unidos-México y en ese proceso, más de dos mil 300 niños acompañados de familiares adultos, fueron separados de sus padres y ubicados en puestos de detención —jaulas, cual animales peligrosos— o con familias de acogida, también los ubicaron en tiendas de plástico que con el sol se calientan y registran temperaturas extremas; las imágenes de niños llorando por sus padres y su situación en las tiendas y jaulas, generó una tormenta de indignación y críticas al gobierno estadounidense por parte de mandatarios, congresistas, religiosos, médicos y defensores de derechos humanos que unánimemente tacharon la decisión “trompiana” de cruel e inhumana y que emulaba la política nazi de separación de familias.

Trump intentó justificarse recurriendo a leyes de su país aprobadas hace 10 años contra el tráfico de personas, aunque por la fuerte presión y protestas internas e internacionales, el presidente decidió retroceder en su política de Tolerancia Cero y gracias a un dictamen de la OEA (27-06-2018) contra la política antinmigrante se decretó la reunificación de las familias separadas, deteniendo de momento los propósitos de defender prioritariamente a la diezmada población blanca de los EE.UU.

A partir de estos hechos, Trump ha sido ratificado como un presidente fascista, que persistentemente restringe los derechos humanos y busca vías para reforzar su política antinmigrante, que fue uno de los ejes de su candidatura presidencial y ahora hace de ello la bandera para su reelección con políticas maniqueas y excluyentes que siembran el terror, con consecuencias terribles para las familias separadas. Ahora los migrantes son los chivos expiatorios para distraer la atención de los graves problemas que aquejan a los EE.UU.

La multiculturalidad estadounidense es excesivamente compleja, tanto ideológica, política, cultural como económicamente, lo que dificulta mucho saber, en términos de la matemática electoral, hasta dónde llegará Trump en sus decisiones antinmigrantes, pese a que es un tipo poco serio, porque si un día sostiene una cosa, al siguiente se desdice y afirma otra.

En realidad, la inmigración ilegal es un jugoso negocio que da empleo a abogados, empresarios e intermediarios (polleros) que se benefician de la política de seguridad migratoria. Además, Trump intenta esconder datos que invalidan su política de terror hacia los migrantes. Por ejemplo, en los últimos 20 años la migración hacia EE.UU. ha disminuido de manera drástica y gran parte de los deportados no cuentan con antecedentes penales como él afirma; dice, son violadores, drogadictos y asesinos y aunque esos existan, no son mayoría en los EE.UU., no, los migrantes son gente que contribuye a la productividad y el crecimiento económico de ese país y hasta laboran en trabajos que los estadounidenses rechazan.

Las políticas antinmigrantes de Trump son un arma de presión, de disuasión y unilaterales, su objetivo es que el Congreso de EE.UU. logre las reformas que ese país necesita ante un sistema fallido y disfuncional.

A Donald le urge una reforma migratoria que le permita expulsar a los indocumentados sin que intervengan jueces y Cortes, pero el partido Republicano está dividido y ésa es la mayor dificultad para el logro de los propósitos del presidente.

Aunque el dictamen de la OEA propició la reunificación de las familias de migrantes con sus niños, esto no ha sido inmediato, sino dificultoso porque muchos infantes fueron enviados a centros lejanos de la frontera sur y a los padres les es a veces imposible viajar a Nueva York, por ejemplo. Las cosas no van bien para la reunificación de familias de migrantes.

El virtual presidente electo de México, López Obrador, tiene ante sí la oportunidad de convertir a México en un líder regional colocando en la agenda el tema migratorio, aunque cuidando que EE.UU. no evada sus responsabilidades.

Los muros

El miedo, las recomendaciones de precaución y cierto terror de algunos por la pérdida de los privilegios asoman en lontananza; en efecto, los intereses creados que se ponen en juego con las propuestas de la Cuarta República registran intensas e inmensas reacciones, encarnan el temor, la resistencia al cambio y esto apenas se vislumbra.

Vicente Fox relama su pensión, aunque antes del 1 de julio había afirmado que por AMLO votaría la “perrada”. Es la opinión de un esquizofrénico, uno de los que se ha enriquecido con la Reforma Energética de Peña Nieto porque ahora está entre los jeques como propietario de cuatro plataformas petroleras marinas y otras empresas del ramo (Alfredo Jalife-Rahme).

Treinta millones de ciudadanos optamos por la esperanza, vencimos a la mafia en el poder, reconociendo que hasta ahora la democracia ha sido una simulación, un estado en manos de proto delincuentes voraces, el salinato y sus continuadores sólo preocupados por su enriquecimiento personal y familiar, ellos lucharán por mantener sus privilegios, ¿alguien lo duda? Yo no, su lucha será implacable, ese será un potente muro a derrumbar.

El virtual presidente electo ha propuesto una trasformación profunda en lo político, lo económico y lo social atendiendo preferentemente a los más pobres y marginados de la vida nacional.

En los ejes de su política de transformación es prioritario acabar con la corrupción, con la impunidad, que haya empleos, crecimiento económico y bienestar. Afirmó AMLO que habrá una estrecha colaboración con los gobernadores en el plan de austeridad republicana para abrir una nueva etapa para el país.

Se percibe que la austeridad republicana, que comprende la disminución de los sueldos de los servidores públicos, topará con enormes presiones por parte de los que perciben salarios más altos del que recibirá el virtual presidente electo que será de 108 mil pesos, contra los casi 270 mil mensuales que percibe un ministro de la SCJN, sin tomar en cuenta el aguinaldo, la prima vacacional y pago por riesgo (El Economista). AMLO será uno de los presidentes más austeros del mundo, competirá con el ex presidente de Uruguay, José Mujica, que donaba el 90% de su salario a las organizaciones civiles, se trasladaba en un antiguo Volkswagen y se mantuvo durante su mandato en su modesta vivienda de siempre.

Los consejeros generales del INE informaron que perciben 174 mil pesos netos, sin bonos ni comisiones, habría que revisar las nóminas, porque el de ellos ha estado entre los sueldos más altos de los funcionarios públicos.

La política de austeridad ha provocado una intensa polémica porque renunciar dócilmente al los altos sueldos de muchos de los funcionarios públicos no será fácil, cuando acceder a los puestos públicos se volvió la forma más segura de rápido enriquecimiento, cuartear ese muro llevará tiempo.

Otra de las medidas de austeridad propuestas por AMLO es la disminución del 50% a la publicidad oficial, la que probablemente quedaría en dos mil millones de pesos, cuando Peña Nieto erogó más 10 mil millones tan sólo en 2013 y 2014 (Animal Político), había que publicitar el Pacto por México que finalmente quedó pulverizado y Mover a México fue su divisa y lo movió, pero en su contra.

La austeridad en la publicidad oficial ha levantado ámpulas ya que el colectivo #MediosLibres reclama la abrogación de la Ley General de Comunicación, conocida como Ley Chayote y sugieren que no basta con disminuir el gasto en este rubro porque se necesitan reglas precisas y transparentes en su asignación.

Resulta muy saludable que las medidas propuestas por AMLO tengan una recepción crítica y se sumen y analicen los ángulos implicados en ellas. La esperanza debe realimentarse día a día, los ciudadanos no podemos bajar la guardia, alentar e impulsar el cambio es un asunto de la sociedad civil organizada y por supuesto, del partido Morena que debe entrarle a su reorganización.

 
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