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  Edición 593
  La Máquina de Dios
 
Marcos Durán
   
  Luego de estar en reparaciones durante el último año, hace unos días, la Máquina de Dios se puso en funcionamiento de nuevo. Fue en Ginebra, Suiza, donde los investigadores lograron que dos haces de mil millones de protones cada uno, viajen a la velocidad de la luz por un túnel de 27 kilómetros de largo, hasta chocar y reproducir así el inicio del universo, o lo que algunos suelen llamar el Big Bang.

Esto lo informó la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), integrada por más de seis mil investigadores de 80 países, entre ellos México, que desde hace 12 años han trabajado en el acelerador de partículas más potente del mundo, una instalación que tuvo un costo de más de 10 mil millones de euros y donde se hacen chocar protones a casi la velocidad de la luz, es decir, 300 mil kilómetros por segundo, la Máquina de Dios como se le ha hecho llamar.

Con esa máquina probaron un 4 de julio, de hace seis años, la teoría del bosón de Higgs, nombrado así en honor del físico británico Peter Higgs, que hace 50 años afirmó que el vacío no estaba tan vacío. En Suiza recrearon el Big Bang, la explosión que habría dado pie a su origen. Los científicos lograron el más grande descubrimiento en la historia de la humanidad: la Partícula de Dios o la transformación de la energía en materia.

Este fenómeno que se dio solo por algunos segundos y fue observado por cientos de personas en el CERN que comprobaron la teoría del bosón de Higgs que explica el universo visible, la parte que hemos estudiado, que es solo el 5% y que podría ayudar a comprender el universo oscuro, el restante 95% y toda la materia y energía en el que, por cierto, está en constante expansión.

Se ha comprobado entonces la existencia de una partícula teorizada hace medio siglo por Peter Higgs y que hacía posible un universo con galaxias, sistemas planetarios, lunas y soles y en medio de ellos seres vivientes como el hombre. La ciencia nos dice que sin el bosón de Higgs, las partículas no tendrían masa y, por consiguiente, no existiríamos pues las partículas se desplazarían a la velocidad de la luz y no habría entonces partículas compuestas. Esto es algo que vivimos a diario pero que no lográbamos comprobar y, mucho menos, entender. De ese tamaño es el descubrimiento de este grupo de científicos: entender las fuerzas de la naturaleza en el universo, por eso el otro nombre un poco más filosófico: la Partícula de Dios.

Pero aunque las leyes de la ciencia —hasta logrado comprobar la existencia del bosón de Higgs— explicara cómo la energía se llegó a transformar en materia, aún quedan muchas incógnitas por resolver y, curiosamente, siguen siendo las mismas preguntas que nos hemos hecho en los más de 160 mil años de historia registrada del hombre en la Tierra: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? Así de sencillo, pero también así de complicado.

Miles de hombres y mujeres de gran sabiduría, connotados científicos trabajando en cooperación y miles de millones de euros invertidos en cualquier cantidad de investigaciones y aún no logramos entender nuestro origen y destino. El mismo Einstein llegó a declarar que las ideas o teorías que se refieren a la realidad no son ciertas y, si son ciertas, no se refieren a la realidad. Porque si apenas hemos entendido cómo se transforma la energía en materia, la siguiente pregunta sería cómo se crea la energía de la cual conocemos, según la ley de la conservación que “no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Esto es, la energía siempre ha estado y estará ahí. A partir de eso, podríamos volver a la eterna pregunta de si la energía la creó una pequeña cantidad de masa y esta energía creada, a su vez, creó una cantidad de masa más grande, seguiríamos entonces sin dar respuesta a la pregunta original: ¿Quién o qué creó el origen todo?

Por eso, quizás el entendimiento del universo toma sentido en las palabras del científico alemán Max Planck, Premio Nobel de Física en 1918, obtenido por su papel en el avance de la física y en el descubrimiento de la teoría cuántica y que afirmaba que “para los creyentes, Dios está en el principio de todo y para los físicos al final de todas las consideraciones”. Si no es ninguna de las dos, entonces posiblemente nada tenga explicación.

 
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