Espacio 4
Ediciones:
  Facebook Twitter
Inicio Justicia Política Reportaje Medios Luces y sombras Opinión Firmas El pez en el agua
 
 
  Edición 592
  Desde mi ventana…
 
Esther Quintana Salinas
   
  Acción Nacional es uno de los partidos políticos de más larga data en el país, después de lo ocurrido el pasado 1 de julio, debemos como integrantes del mismo, hacer un alto en el camino y reflexionar al respecto, porque lo que obtuvimos de los electores no es para darle vuelta a la página y tan tan. La vida es una maestra excepcional, te enseña más que muchos libros. El México de hoy no tiene nada que ver con el de 1939, cuando nació a la vida pública el PAN, salvo en una sola cosa: que era insufrible lo que estaba sucediendo y había que generar alternativas de solución. Hoy se vive muy de prisa, todo el mundo anda de aquí para allá, pero muy a menudo sucede que no se sabe exactamente hacia dónde se va, y parece que al PAN le está pasando eso. El partido de don Manuel Gómez Morín se ha ido desdibujando, sobre todo en los últimos tiempos, cuando se empezaron a ganar elecciones grandotas, como las de 2000 y el 2006. Don Luís H. Álvarez decía: “Nunca nos derrotó la derrota, que no nos derrote ahora la victoria”. Y fue justo con las victorias de la alternancia cuando empezamos a perder al partido… y hoy estamos cosechando lo que sembramos.

El éxito y el fracaso son dos grandes impostores. El éxito no es más que una bocanada de triunfo, pero hay quienes se piensan que de ahí pa’l real todo estará masticado y en la boca. Mire usted el precio que se paga. Por eso es tan importante no perder piso. Los partidos políticos se conforman con personas y yo he visto como hay personas que empiezan a triunfar demasiado pronto, y ya creen que el mundo es suyo, pero transcurrido un tiempo la victoria se transforma en derrota. Y también he visto cómo hay derrotas que con el paso del tiempo se convierten en victorias. Pero es la derrota, no la victoria, la que te hace crecer, claro, siempre y cuando aprendas las lecciones que te aporta. La lucidez del perdedor permite ver con claridad lo que a simple vista no se percibe. Cuando es miel lo que deglutes ni siquiera abres los ojos. Para superar derrotas ahí está la resiliencia, porque con ella le das la vuelta a la adversidad y te curas en la maravilla de tu propia reciedumbre. Y en esto juega un rol importantísimo la joya de la conducta: la voluntad.

El PAN tiene que volver a poseerse a sí mismo, tiene que sacar del desván los principios que arrumbó, tiene que meter orden y disciplina en su cuarto de máquinas. Tenemos que recobrar la congruencia que nos permitimos mandar al carajo, porque cuando la mandamos empezamos a actuar de acuerdo a los cánones del modelo que otrora criticamos y combatimos. Y no nos importó que allá afuera los mexicanos empezaran a decirnos que ya no había manera de distinguir entre un panista y un priista, y nos lo señalaban los mexicanos que creían en nosotros, que votaban por nosotros, los que nos dieron los votos para la alternancia, para los dos gobiernos de la alternancia. Y nos valió sorbete. El PAN nunca ha sido partido de masas porque su origen no es ese, el del PRI, sí. Nosotros no tenemos votos cautivos, nosotros dependemos de la confianza de los mexicanos libres, es decir, de aquellos a los que el sistema priista no tiene controlados. Fueron esos mexicanos los que en 2000 y en 2006 llevaron a Fox y a Calderón a la presidencia de la república.

Hoy están enfurecidos con nosotros, nos dieron la espalda en 2012 y el domingo 1 de julio del año que corre, nos volvieron a mandar a la porra. No nos arrendamos en 2012, no hicimos nada para estar preparados en 2018, dejamos correr las cosas, no tendimos los puentes allá afuera y seguimos siendo permisivos al interior. Tenemos que aceptar que tenemos una profunda crisis institucional y que la corrupción cuando se tolera, se apodera. Y hoy no tenemos de otra, más que resolverla y el primer paso es empezar por aceptar que nos contaminamos.

México atraviesa desde hace tiempo por una debacle que no solo es económica y social, sino también institucional. La gente está asqueada de la clase política y en ella van incluidos gobernantes y partidos políticos de todos los colores. Y esta repulsa se acompaña de mucho coraje, y el coraje es una mezcla que resulta de la frustración, de la impotencia, del hartazgo. Cuando se es presa del coraje, de la ira… se pierde objetividad, la capacidad de juicio se nubla y solo se responde con el hígado.

López Obrador tuvo 18 años para recorrer el país —y eso costó carretadas de millones de dinero… ¿de quién?— y supo canalizar a su favor todo el enojo porque les “vendió” que él, y nadie más que él, tenía el poder de solucionar cada carencia, cada dolencia, cada bofetada, cada patada en el trasero, que el sistema profirió. Les juró llevarlos a la tierra prometida sin ni siquiera ocuparse de explicarles cómo lo haría, porque no ha dicho un solo cómo. Y le creyeron, el 1 de julio tuvo lugar el “acto de fe”. El “acto de fe” no fue espontáneo, fue provocado, inducido, “arreglado” en la cloaca, entre pares… y como bien lo apunta Raymundo Riva Palacio, desde 2017.

La maquinaria priista ejecutando… ¿a cambio de qué? De la amnistía… El origen de López Obrador es tricolor, conoce a la perfección cada entresijo de su progenitora, vienen del mismo vientre, los parió la misma madre. El pragmatismo usado a cuanto da, no importa la paliza, al cabo que es decretada, no importa entregar gubernaturas, alcaldías y… la joya de la corona: el Congreso de la Unión… la mayoría del Poder Legislativo, del contrapeso establecido por el Constituyente para equilibrar el ejercicio del Poder Ejecutivo. Es decir, del presidente de la república, y que jamás lo hemos visto en México, ni lo veremos… ¿Cambio? Jajajajajaja… Ninguno… Mayoría absoluta de Morena. Igualito que siempre, el Senado y la Cámara de Diputados al servicio del tlatoani… al servicio del Peje… del rey del populismo, de la demagogia, del maestro de maestros “seductores” de la patria, de una patria que no es la que describe López Velarde en su “Suave patria”, porque no es “impecable y diamantina”, la han ensuciado las miserias y las mezquindades de quienes han llegado al poder solo para servirse y les ha valido que haya millones de mexicanos que viven como parias en su propia casa y que son tratados como si fueran la escoria de la patria, no dueños y señores de la misma. Y la peor tragedia es que ya los convencieron de que son nadie y que no hay ninguna alternativa para que dejen de serlo. Y López Obrador se atrevió a acordar eso con tal de cristalizar su obsesión de poder por el poder… ¡Cómo adoraría tragarme lo que pienso de ”su victoria”! La salida de Meade a “reconocer” su derrota apenas ratificada en las urnas… fue un insulto a la inteligencia, no un acto de estadista, como el de Ernesto Zedillo Ponce de León en 2000. ¡Qué papel tan triste aceptó que le endilgaran…! y si lo ignoraba, ¡qué grandísimo…! Siempre supieron que no llenaba el perfil, pero no tenían a nadie de casa que pudiera salir a dar la cara y lo pusieron a él como candidato del partido que ha vilipendiado a México desde 1929, producto del colmillo retorcido y negro de Plutarco Elías Calles. Aprender a perder es un acto de humildad pincelado de inteligencia, pero hasta eso se negó el priato, mintió y traicionó, pactó su salida sin honor… ¿Honor?

Espero que a mi partido esta derrota le abra los ojos y le ilumine el camino. La soberbia es un sótano sin ventana a la calle. Una derrota, tengámoslo bien claro, no determina un destino definitivo, solo que dejemos de luchar, como decía el Maquío. El éxito en cualquier empeño, es el resultado de la determinación traducida en acciones inteligentes, idóneas, y eso implica no darnos por vencidos. De las derrotas debe aprenderse o no servirán para nada. Al Congreso, quienes resultaron electos, aunque sean minoría, van a tener en muchas ocasiones que ir a confrontar, solo que esta confrontación tiene que estar sujeta a una ejecución inteligente y cuidadosamente planeada. Y también se va a tener que ir a acordar cuando el acuerdo signifique bienestar para los mexicanos, venga de quien venga la iniciativa.

Estamos en un momento coyuntural para México, valga el comparativo, me voy a permitir compartir una anécdota sobre una respuesta de Shimon Peres cuando un reportero le preguntó sobre la paz entre Israel y Palestina: “Veo la luz al final del túnel, no veo el túnel”. En México habemos muchos que estamos aferrados a continuar porque vemos la luz al final del túnel, y hoy son tiempos para construir y transitar por el túnel que nos conduzca a ella.

Ojalá —porque mi esperanza se niega a ser ignorada y me exige que la considere— que López Obrador y su séquito de priistas redivivos y anexos de toda laya, pero sobre todo él, tengan la estatura para gobernar para todos los mexicanos, incorporando incluso las propuestas y las buenas ideas de quienes fueron sus adversarios derrotados, ¿será mucho pedir?

¡Qué viva México! Nuestra noble y dulce patria.

 
Otras publicaciones
Primero es México
Educación y política
Hoy así... ¿y mañana también?
La Guardia Nacional de Andrés Manuel
¿Quién paga?...
Educación con principios democráticos
Recuperar a México, pero en plural
¿Cómo es el México en el que usted vive?
Conjugar en plural… a ver si quieren
Las lecciones que nos negamos a aprender…
¿A quién le importa el futuro?
Tierra de mis amores
Consideraciones respecto a una elección
La individualidad colectiva
¿La cuarta transformación?
A nosotros no puede pasarnos…
¿Quo vadis México?
Lo que está en juego
Cambiemos la partitura
Por amor a México
   
Publicidad
 
Espacio 4 © 1995-2019. Todos los derechos reservados Espacio Editorial Coahuilense, S.A. de C.V.

De no existir previa autorización, queda expresamente prohibida la publicación, retransmisión, edición y cualquier otro uso de los contenidos.

Ir arriba