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  Edición 590
  Para quienes ya olvidaron
 
Juan Antonio García Villa
   
  Las elecciones en México han derivado en procesos muy complicados y tormentosos. Mayormente si se trata de comicios presidenciales. Nada qué ver con las de hace dos o tres décadas. Eran entonces insultantes por los niveles en los gastos de campaña en que incurrían los candidatos oficiales, priistas, gastos que impunemente se financiaban con cargo al erario, pero muy pocos se molestaban en hacerlo notar, quizá por lo evidente del atraco. Si ni siquiera se señalaban, menos aún había quienes protestaran por tan crasa ilegalidad. Salvo —hay que decirlo siempre que se ofrezca— Acción Nacional, que jamás calló lo que era notorio y, en apariencia, nadie veía o quería ver.

Eran además, las de entonces, elecciones con resultados perfectamente predecibles. Desde el momento mismo (o aun antes) de que se postulara a los candidatos, ya se sabía quién habría de ganar los comicios. En su autobiografía, Vasconcelos cuenta que en la elección de 1929, en la que él participó como candidato presidencial opositor, el New York Time publicó en su edición del día —mismo en que fueron las elecciones— las cifras oficiales del resultado de éstas. A ese extremo llegaban las cosas, en el mismo año del nacimiento del partido gobierno, que muy probablemente en los próximos años, ahora sí, llegará a su fin. Al menos como lo hemos conocido a lo largo de casi nueve décadas.

En fin, en cuanto a los resultados de las votaciones no había nadie que esperara sorpresas. Misión de plano imposible era derrotar a los candidatos del oficialismo. Por la sencilla razón de que éstos tenían a su disposición todos los recursos del poder público para derrotar a sus adversarios, a los reales y con mayor razón a los simulados, que casi siempre los hubo. Pues nunca faltaron, por desgracia, quienes se prestaron a ser paleros.

Y cuando se afirma que los candidatos del oficialismo y su partido contaban con todos los recursos gubernamentales para alzarse con la victoria por las buenas o por las malas, efectivamente así era y así fue por décadas. No hay en esto lenguaje metafórico y menos aún eufemismos. Era una realidad tan palmaria como indignante y desvergonzada.

Así es y fue la verdad histórica que nadie en su tiempo ocultó y hoy nadie puede negar. ¡Ah, cuánto daño le hizo a México, en todos los órdenes, este largo periodo del priiato!

¿Cuándo y cómo podrá ese grupo pagar la deuda histórica que tiene con la nación? De este tema nadie habla. Después del 1 de julio, en las semanas subsiguientes, cuando quede en evidencia que su derrota electoral será clara y contundente, pues según todo parece indicar que así será, es el momento de iniciar el proceso histórico de su liquidación. Por ningún motivo se le debe permitir un nuevo renacimiento, como infortunadamente ocurrió en 2012.

No se trata de afilar cuchillos ni de hacer llamadas a la venganza, pero sí de hacer un alto en el camino, ponderar las cosas y tomar sobre el punto decisiones definitivas. Será el momento oportuno y adecuado.

 
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