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  Edición 588
  Lo que está en juego
 
Esther Quintana Salinas
   
  México, nuestro país, hoy, está inmerso en una debacle electoral y con una vulnerabilidad enorme porque nuestras instituciones republicanas no son sólidas, la libertad y la democracia son endebles y tenemos muchos problemas sin resolver. “La libertad —escribía Theodore Roosevelt— está más allá de una generación, de su extinción. No se la pasamos a nuestros hijos en la sangre. Se tiene que luchar por ella, protegerla, entregársela a ellos para que hagan lo mismo. La libertad es la fuente de todo lo que vale la pena vivir. La libertad es un llamado a pensar y a amar. Es un llamado a nuestra voluntad.” El próximo 1 de julio estaremos decidiendo el futuro de la libertad y de la democracia en nuestro amado país.

No me gusta, y más allá de que no me guste, la verdad es que me angustia la ligereza con que se está volviendo la vista a la posibilidad de que en nuestra tierra se imponga un régimen cuyos frutos son muy amargos. Venezuela está pagando con mucho dolor haberse equivocado. Hay tres mafias que la controlan, la del poder encabezada por Maduro, la del mercado negro y la de las drogas. En 1999 Hugo Chávez les prometió el paraíso terrenal.

En su discurso de campaña criticó la corrupción, prometió preservar la división de poderes, la independencia del poder legislativo, del órgano electoral y de los medios de comunicación, mantener la economía de mercado y respetar la propiedad privada. Tuvo el respaldo de muchos demócratas, otros que no le creyeron pensaron que, por lo menos, respetaría las instituciones, algunos más le dieron el beneficio de la espera. Y a todos les mintió. Hoy la tierra del Arauca está viviendo sus horas más amargas, sus habitantes padecen una crisis humanitaria que nunca imaginaron que les aconteciera.

Para quienes creemos en la democracia, es esencial analizar la libertad con relación a la economía de mercado. No únicamente porque sabemos que la libre empresa y la economía de mercado son parte de las condiciones para generar prosperidad, crear empleo formal y proveer los recursos para que el estado pueda a su vez, proveer bienes y servicios públicos de excelencia a la población que gobierna, sino por motivos más profundos que abomina el populista autoritario.

A lo largo de dos siglos, la economía de mercado ha estado vinculada con la libertad y con la presencia de un espacio que es exclusivo del individuo, y fue esto precisamente lo que permitió que las personas pudieran liberarse de la impronta de los virreyes, de la iglesia avasalladora, luego de los dictadores y de los comandantes bananeros. Esta economía fue definitiva para abatir las servidumbres de la época, las feudales, luego la de los blasones y la alcurnia, y los más cercanos a nuestro tiempo, las de la dictadura del partido comunista o la del socialismo de este siglo. Los regímenes de este corte detestan cualquier medio que conlleve a que el ser humano pueda tener la vida que él mismo se trace. La autonomía es la antítesis de la heteronomía, entiéndase esta última como la dependencia de otros. La autonomía no rima con el paternalismo, ni con el asistencialismo… ¿y cómo? Si el paternalismo condena a los hombres a pensar que son incapaces de tomar decisiones por sí mismos. Que es lo que se hizo en tiempos del coloniaje español, o lo que ha venido haciendo desde 1929 el régimen instaurado por Plutarco Elías Calles, que solo cambió de nombre… y lo que están haciendo en Venezuela, primero Chávez y hoy Maduro.

La economía de mercado tiene yerros, pero, junto con la democracia, son elemento sustantivo para la solidez de las instituciones. Por eso es tan importante que usted como elector analice la coherencia de los aspirantes a ocupar la presidencia de la república los próximos seis años, con la democracia y con la economía de mercado. No se confíe en la propaganda y el discurso campañero, vea la hoja de vida de cada uno, analice sus trayectorias. Hay quienes como candidatos dicen que van a cambiar muchas cosas de la economía, pero cuando llegan al cargo hacen todo lo contrario.

Hoy se enfrenta una crisis de falta de credibilidad en las instituciones muy peligrosa, en primer lugar porque se convierte en caldo de cultivo propicio para el nacimiento de mesías populistas y por el otro, provoca la ausencia de inversión extranjera. Recuperar la confianza es tema sine qua non para el próximo gobierno, si no se logra será el tiro de gracia a nuestra enteca democracia.

Asimismo, el futuro titular del Poder Ejecutivo tiene que ser capaz de combatir la corrupción con eficiencia y eficacia o no habrá desarrollo. Tiene que atreverse a romper las perversas estructuras de los delincuentes de cuello blanco y su amarre con los tres poderes. La corrupción no va a disminuirse ni en el corto ni en el mediano plazo, por lo que me parece que una estrategia ad hoc sería la disminución del aparato burocrático, achicarles el botín a los corruptos.

La política de respeto a los derechos humanos, debe ser también uno de los temas sustantivos de la agenda presidencial a partir del 1 de diciembre. Hay acuerdos internacionales de los que México es signatario y deben cumplirse. Ahí está el listado vergonzoso de cuanto se ha dañado en este ámbito: tortura y desaparición forzada. Las instituciones más señaladas por presuntas violaciones a los derechos humanos: el IMSS con dos mil 634 casos; el ISSSTE con mil 078 casos; la SEP con 656 casos y el INAMI con 521. La SEDENA y la SEMAR se encuentran en la parte baja de la lista con 415 y 259 casos respectivamente. Lo reclamado con más frecuencia: prestación indebida del servicio público (dos mil 227 casos); faltas a la legalidad, honradez, lealtad, imparcialidad y eficacia en desempeño de funciones (mil 831 casos) y omisión de atención médica (mil 782 casos). En el reporte publicado en línea la CNDH detalla que algunos de los delitos con mayor repunte en 2017 fueron los feminicidios; ataques a periodistas y activistas así como los abusos contra migrantes muchos de los cuales continúan impunes.

Los derechos humanos indefectiblemente están vinculados a la justicia, por ello se requiere una reforma estructural que contemple una lucha frontal contra la corrupción y la disminución de los vergonzosos índices de impunidad, que agravian y tienen hartos a los mexicanos. Hay zonas muy golpeadas por una anarquía consentida, por un lavado de manos a la Poncio Pilatos de la autoridad, esto ha vuelto miserable la vida de muchos compatriotas, principalmente la de los más pobres de este país. Se tiene que atender esa injusticia, se tiene que devolver al Estado de derecho cada comunidad controlada por la delincuencia organizada, y esto tiene que ir acompañado de proyectos de economía sostenible, porque es importante darles un medio de supervivencia.

Tenemos que provocar el nacimiento de un estado casado con la sociedad, un estado que demuestre en los hechos que generar bien público es su objetivo toral y que por ello la educación y la salud de los mexicanos y su papel para convertirse en generador de igualdad de oportunidades debe traducirse en estrategias y acciones encaminadas a ponerle un hasta aquí al agravio de inequidades y de injusticia social que se padece en nuestro país. Se tienen que generar emprendimientos responsables en zonas rurales con esfuerzos empresariales que hagan posible la revolución productiva en el agro mexicano, porque es ahí donde la pobreza y la marginación sientan sus reales sin que nada ni nadie les haya puesto un alto. Y también necesitamos generar una cultura de respeto y cuidado al medio ambiente y generar energías limpias y sostenibles por la salud del planeta, es decir, por nosotros que aquí vivimos.

Les pregunto a las personas que saludo en la calle ahora que estoy en campaña y sus respuestas al cuestionamiento de si les gusta cómo está el país, son el reflejo fiel de lo que sentimos muchos mexicanos. A nadie le gusta, nadie me ha dicho que le satisfaga la realidad que hoy tenemos. La gente está asqueada de la corrupción, enojada… y no ven en el horizonte cercano, la gran mayoría, que esto vaya a resolverse. También les rebela la injusticia, la desigualdad. Hay muy pocos que tienen mucho y muchos que tienen poco, muy poco o casi nada…

México no va a cambiar por decreto, su transformación empieza por la que obre en el pensamiento y en la conciencia de cada uno de los que habitamos su geografía. Tampoco le apostemos a la presencia de un hombre que llegado al poder va a generar la metamorfosis, no nos equivoquemos, no seamos simplistas.

 
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